Monseñor Allaberet parecía tener dificultades para contener su enfado. Sin embargo, cogió aire, se serenó, y volvió a mirar al escriba.
- Vera, señor, entiendo que esto no es una biblioteca. Y entiendo que no forme parte de su trabajo el proporcionar libros a cualquiera que se los pida. Sin embargo, le puedo asegurar que es de la máxima importancia que pueda examinar ese libro. Y siento decirle que, si no me permite leer ese libro por las buenas, tendrá que ser por las malas. Es de vital necesidad para la supervivencia de las Iglesias que lea ese libro!El escriba se fijó cuidadosamente en Monseñor Allaberet. Su rostro solo mostraba su preocupación por el futuro de las Iglesias, pero su tono de voz... Y el ambiente de la habitación había cambiado demasiado desde que entrase en ella. Necesitaba más información para saber como actuar ante la petición del prelado. Era de sobra conocido el poder del ejercito de las Iglesias. No era un ejercito como tal, sino una serie de grupos entrenados para proteger a los emisarios de las distintas iglesias. Pero estaban muy bien entrenados, y, sobre todo, tenían fe ciega en sus superiores.
Resolver algo por las malas, siguiendo el método de las Iglesias, era siempre una forma bastante cruel y sangrienta de solucionar las cosas.
Resolver algo por las malas, siguiendo el método de las Iglesias, era siempre una forma bastante cruel y sangrienta de solucionar las cosas.
- Entiendo Allaberet. Veré que puedo hacer. Pero como comprenderá, aunque vaya a hacer una excepción con usted, sigue teniendo que seguir unas reglas. Estas son las condiciones. Usted me dirá el título del libro, y la fecha en la que fue escrito. No puedo dejarle registrar los almacenes, puesto que varios de los libros son muy delicados. Me dará cinco días para buscar el libro, y preparar una sala para que pueda leerlo. Solo usted entrará en esa sala, y habrá dos de mis copistas vigilando que el libro no sufra daños. ¿Está usted de acuerdo?
- Completamente.
- En ese caso, ¿Me dice que libro quiere? - Ahora sabría por qué Monseñor había hecho ese viaje, y por qué había recibido ese mensaje antes...
- El título es "Deus Arcana ex Omnia Potentis", y por lo que tengo entendido existe una referencia...
El escriba dejó de escuchar, aunque su rostro no lo dejó entrever en ningún instante. ¡El "Deus Arcana"! Ciertamente era uno de los pocos libros que no tenían ninguna copia en el exterior, y eso era debido a que, hace ya varios milenios, las Iglesias y las Escuelas de Hechiceros se pusieron de acuerdo en destruir todas las copias existentes. Y a él le dijeron que evitase que saliera de la torre. ¿Cómo habría llegado Allaberet a descubrir su existencia? Eso explicaba tantas cosas... No había tiempo que perder, tenía que iniciar los preparativos cuanto antes.
- Monseñor, - interrumpió el escriba - con eso ya puedo empezar a preparar la sala y buscar el libro. Es uno realmente antiguo, y por lo poco que recuerdo de su contenido es posible que lo que comentó antes sea cierto. Tengo que prepararlo todo, de forma que si me disculpa, me retiraré a trabajar.- Por supuesto, por supuesto. En ese caso nosotros nos retiraremos a la villa. Creo que uno de mis pajes alquiló una casa para pasar la noche, de forma que esperaré allí a que lo prepare todo.
- Espero que la espera no se le haga muy larga.
Monseñor Allaberet sonrió, y salió de la sala seguido por sus dos guardias. En cuanto las puertas se hubieron cerrado tras él, el rostro del escriba quedó demudado. No le gustaba mentir, es más, iba en contra de su naturaleza, pero en este caso no había más remedio. Hizo una seña a uno de los copistas que pasaba por allí y le dijo:
- Traemé de inmediato al capitán de defensa de la torre. Y busca rápido al Maestro de Copistas y al Maestro de Libros. Necesito que vengan los tres cuanto antes a mi presencia. Y nadie ha de entrar en esta sala mientras hablo con ellos, mencionaselo al capitán.
El copista asintió, sorprendido, y se marchó rápidamente. El escriba se sentó, y espero un rato, trazando un plan. Cuando los tres superiores de las distintas ramas de la torre llegaron, el escriba ya había decidido que es lo que tenía que hacer.
- Silencio. - dijo el escriba acallando los murmullos de sus subordinados antes de que empezasen. - Os he llamado aquí porque tengo malas noticias. Temo que el Portavoz de las Iglesias esté dispuesto a utilizar su poder militar para hacerse con un libro. Y es un libro que no debe de tener.- ¿Por qué razón?
- Sólo los dioses lo saben. - contestó el escriba. Una mirada entre los otros indicó el pensamiento que todos habían tenido. Lo que sabían los dioses era escrito por el escriba, a través de la inspiración divina. - De todas formas, hay que evitar grandes destrozos. Maestro de Copistas, de ahora en adelante todos los miembros de tu sección trabajarán durante todo el día. Deben hacer copias de cuantos libros tenemos en la torre. Maestro de Libros, habrás de proporcionar cuantos tomos sean necesarios para ello, y debereís encargaros de que el mayor numero de libros se copien, sin que se repitan. Tendreís acceso a los archivos.
- ¿A los archivos? ¿Yo? - exclamó sorprendido el Maestro de Libros.
- Tú y todo tus subordinados. La copia debe hacerse cuanto antes. En cinco días vendrá Allaberet, y estimo que en dos o tres semanas llegarán los soldados.
- Pero Allaberet ya ha estado aquí hoy. - dijo el capitán - ¿Por qué habría de volver?
- Porque espera recibir un libro que jamás recibirá. Y por eso enviará a las tropas. Tu trabajo, capitán, será organizar la defensa de la torre. No debe de ser obvio hasta después de la visita de Allaberet, pero necesitaremos resistir cuanto podamos. Asimismo, escogerás a un par de tus mejores jinetes, y los traerás aquí. Tienen una misión especial. ¿Habeis entendido?
Los tres asintieron. Uno a uno empezaron a salir, a cumplir las órdenes recibidas que, como todos podían suponer, tenían como único objetivo lograr la supervivencia del conocimiento guardado en la torre. El escriba subió de nuevo a su despacho, escogió una llave de varias que había colgadas en una pared, y subió un par de pisos hasta uno de los almacenes. Allí, abrió la puerta, y buscó un momento hasta encontrar dos libros. Ambos eran muy antiguos, y era fácil confundirlos. Pero solo uno de ellos era el que Allaberet quería. Bajó de nuevo a la sala, donde los dos jinetes esperaban tensos.
Cuando ambos jinetes se hubieron marchado, el escriba hizo una última llamada. Un joven copista, uno de los pocos que el escriba había escogido para enseñarle en persona, fue llevado ante él. El escriba le entregó un antiguo libro, ajado pero aún así bien conservado, que se encontraba cerrado con un extraño cierre metálico. El escriba, simplemente, le dijo al joven que tenía que llevar ese libro a la Biblioteca de Ahrmsen, sobre el Pico de la Nieve Perenne. Y cuando el joven hubo salido, como cualquier simple mensajero, el escriba subió de nuevo a su despacho, se sentó a la mesa, y releyó las últimas frases escritas del libro que escribía, "La Profecía Conjunta de los 13 Dioses".
Los Dioses percibieron la Oscuridad que acechaba, e investigaron, y descubrieron que el Caos había entrado en su Sagrado Reino, y que la amenaza se cernía sobre el futuro del Mundo.
Y los Dioses avisaron a Nehrm - Akhzad, el Escriba Eterno, y le ordenaron que ocultase el Libro de los ojos del Portavoz, pues no debía de ser leido por aquél que ha perdido la Luz.
El escriba cogió su pluma, y comenzó a escribir. Tenía que acabar para empezar a copiar los tomos más antiguos. Tendrían que sacar copias de los libros antes de que Allaberet llegase, para evitar que todo el conocimiento guardado se perdiese.
Y Nehrm - Akhzad, viendo que el peligro era real, tomó las medidas necesarias para que, antes de su muerte en la Batalla de la Torre, el Libro no pudiese ser encontrado, y que el Conocimiento Divino otorgado nunca desapareciese...
- Aquí teneis. Llevad este libro lo más lejos que podais de la torre. Es importante que se sepa que habeis salido, pero que no se os recuerde hasta que la torre haya caído, y Allaberet descubra que lo que busca no está.
- ¿Caer, la torre? ¿Allaberet? ¿De que hablais, señor?
- Si vuestro capitán no os ha dicho más, yo callaré. Lo comprendereis a su debido tiempo. Solo recordad, la gente debe saber que habeis salido, pero que no les parezca importante hasta dentro de cierto tiempo.
- ¿Caer, la torre? ¿Allaberet? ¿De que hablais, señor?
- Si vuestro capitán no os ha dicho más, yo callaré. Lo comprendereis a su debido tiempo. Solo recordad, la gente debe saber que habeis salido, pero que no les parezca importante hasta dentro de cierto tiempo.
Cuando ambos jinetes se hubieron marchado, el escriba hizo una última llamada. Un joven copista, uno de los pocos que el escriba había escogido para enseñarle en persona, fue llevado ante él. El escriba le entregó un antiguo libro, ajado pero aún así bien conservado, que se encontraba cerrado con un extraño cierre metálico. El escriba, simplemente, le dijo al joven que tenía que llevar ese libro a la Biblioteca de Ahrmsen, sobre el Pico de la Nieve Perenne. Y cuando el joven hubo salido, como cualquier simple mensajero, el escriba subió de nuevo a su despacho, se sentó a la mesa, y releyó las últimas frases escritas del libro que escribía, "La Profecía Conjunta de los 13 Dioses".
Los Dioses percibieron la Oscuridad que acechaba, e investigaron, y descubrieron que el Caos había entrado en su Sagrado Reino, y que la amenaza se cernía sobre el futuro del Mundo.
Y los Dioses avisaron a Nehrm - Akhzad, el Escriba Eterno, y le ordenaron que ocultase el Libro de los ojos del Portavoz, pues no debía de ser leido por aquél que ha perdido la Luz.
El escriba cogió su pluma, y comenzó a escribir. Tenía que acabar para empezar a copiar los tomos más antiguos. Tendrían que sacar copias de los libros antes de que Allaberet llegase, para evitar que todo el conocimiento guardado se perdiese.
Y Nehrm - Akhzad, viendo que el peligro era real, tomó las medidas necesarias para que, antes de su muerte en la Batalla de la Torre, el Libro no pudiese ser encontrado, y que el Conocimiento Divino otorgado nunca desapareciese...
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