29 de febrero de 2008

El escriba (y IV)

Monseñor Allaberet parecía tener dificultades para contener su enfado. Sin embargo, cogió aire, se serenó, y volvió a mirar al escriba.
- Vera, señor, entiendo que esto no es una biblioteca. Y entiendo que no forme parte de su trabajo el proporcionar libros a cualquiera que se los pida. Sin embargo, le puedo asegurar que es de la máxima importancia que pueda examinar ese libro. Y siento decirle que, si no me permite leer ese libro por las buenas, tendrá que ser por las malas. Es de vital necesidad para la supervivencia de las Iglesias que lea ese libro!
El escriba se fijó cuidadosamente en Monseñor Allaberet. Su rostro solo mostraba su preocupación por el futuro de las Iglesias, pero su tono de voz... Y el ambiente de la habitación había cambiado demasiado desde que entrase en ella. Necesitaba más información para saber como actuar ante la petición del prelado. Era de sobra conocido el poder del ejercito de las Iglesias. No era un ejercito como tal, sino una serie de grupos entrenados para proteger a los emisarios de las distintas iglesias. Pero estaban muy bien entrenados, y, sobre todo, tenían fe ciega en sus superiores.
Resolver algo por las malas, siguiendo el método de las Iglesias, era siempre una forma bastante cruel y sangrienta de solucionar las cosas.

- Entiendo Allaberet. Veré que puedo hacer. Pero como comprenderá, aunque vaya a hacer una excepción con usted, sigue teniendo que seguir unas reglas. Estas son las condiciones. Usted me dirá el título del libro, y la fecha en la que fue escrito. No puedo dejarle registrar los almacenes, puesto que varios de los libros son muy delicados. Me dará cinco días para buscar el libro, y preparar una sala para que pueda leerlo. Solo usted entrará en esa sala, y habrá dos de mis copistas vigilando que el libro no sufra daños. ¿Está usted de acuerdo?
- Completamente.
- En ese caso, ¿Me dice que libro quiere? - Ahora sabría por qué Monseñor había hecho ese viaje, y por qué había recibido ese mensaje antes...
- El título es "Deus Arcana ex Omnia Potentis", y por lo que tengo entendido existe una referencia...
El escriba dejó de escuchar, aunque su rostro no lo dejó entrever en ningún instante. ¡El "Deus Arcana"! Ciertamente era uno de los pocos libros que no tenían ninguna copia en el exterior, y eso era debido a que, hace ya varios milenios, las Iglesias y las Escuelas de Hechiceros se pusieron de acuerdo en destruir todas las copias existentes. Y a él le dijeron que evitase que saliera de la torre. ¿Cómo habría llegado Allaberet a descubrir su existencia? Eso explicaba tantas cosas... No había tiempo que perder, tenía que iniciar los preparativos cuanto antes.
- Monseñor, - interrumpió el escriba - con eso ya puedo empezar a preparar la sala y buscar el libro. Es uno realmente antiguo, y por lo poco que recuerdo de su contenido es posible que lo que comentó antes sea cierto. Tengo que prepararlo todo, de forma que si me disculpa, me retiraré a trabajar.
- Por supuesto, por supuesto. En ese caso nosotros nos retiraremos a la villa. Creo que uno de mis pajes alquiló una casa para pasar la noche, de forma que esperaré allí a que lo prepare todo.
- Espero que la espera no se le haga muy larga.
Monseñor Allaberet sonrió, y salió de la sala seguido por sus dos guardias. En cuanto las puertas se hubieron cerrado tras él, el rostro del escriba quedó demudado. No le gustaba mentir, es más, iba en contra de su naturaleza, pero en este caso no había más remedio. Hizo una seña a uno de los copistas que pasaba por allí y le dijo:
- Traemé de inmediato al capitán de defensa de la torre. Y busca rápido al Maestro de Copistas y al Maestro de Libros. Necesito que vengan los tres cuanto antes a mi presencia. Y nadie ha de entrar en esta sala mientras hablo con ellos, mencionaselo al capitán.
El copista asintió, sorprendido, y se marchó rápidamente. El escriba se sentó, y espero un rato, trazando un plan. Cuando los tres superiores de las distintas ramas de la torre llegaron, el escriba ya había decidido que es lo que tenía que hacer.
- Silencio. - dijo el escriba acallando los murmullos de sus subordinados antes de que empezasen. - Os he llamado aquí porque tengo malas noticias. Temo que el Portavoz de las Iglesias esté dispuesto a utilizar su poder militar para hacerse con un libro. Y es un libro que no debe de tener.
- ¿Por qué razón?
- Sólo los dioses lo saben. - contestó el escriba. Una mirada entre los otros indicó el pensamiento que todos habían tenido. Lo que sabían los dioses era escrito por el escriba, a través de la inspiración divina. - De todas formas, hay que evitar grandes destrozos. Maestro de Copistas, de ahora en adelante todos los miembros de tu sección trabajarán durante todo el día. Deben hacer copias de cuantos libros tenemos en la torre. Maestro de Libros, habrás de proporcionar cuantos tomos sean necesarios para ello, y debereís encargaros de que el mayor numero de libros se copien, sin que se repitan. Tendreís acceso a los archivos.
- ¿A los archivos? ¿Yo? - exclamó sorprendido el Maestro de Libros.
- Tú y todo tus subordinados. La copia debe hacerse cuanto antes. En cinco días vendrá Allaberet, y estimo que en dos o tres semanas llegarán los soldados.
- Pero Allaberet ya ha estado aquí hoy. - dijo el capitán - ¿Por qué habría de volver?
- Porque espera recibir un libro que jamás recibirá. Y por eso enviará a las tropas. Tu trabajo, capitán, será organizar la defensa de la torre. No debe de ser obvio hasta después de la visita de Allaberet, pero necesitaremos resistir cuanto podamos. Asimismo, escogerás a un par de tus mejores jinetes, y los traerás aquí. Tienen una misión especial. ¿Habeis entendido?
Los tres asintieron. Uno a uno empezaron a salir, a cumplir las órdenes recibidas que, como todos podían suponer, tenían como único objetivo lograr la supervivencia del conocimiento guardado en la torre. El escriba subió de nuevo a su despacho, escogió una llave de varias que había colgadas en una pared, y subió un par de pisos hasta uno de los almacenes. Allí, abrió la puerta, y buscó un momento hasta encontrar dos libros. Ambos eran muy antiguos, y era fácil confundirlos. Pero solo uno de ellos era el que Allaberet quería. Bajó de nuevo a la sala, donde los dos jinetes esperaban tensos.
- Aquí teneis. Llevad este libro lo más lejos que podais de la torre. Es importante que se sepa que habeis salido, pero que no se os recuerde hasta que la torre haya caído, y Allaberet descubra que lo que busca no está.
- ¿Caer, la torre? ¿Allaberet? ¿De que hablais, señor?
- Si vuestro capitán no os ha dicho más, yo callaré. Lo comprendereis a su debido tiempo. Solo recordad, la gente debe saber que habeis salido, pero que no les parezca importante hasta dentro de cierto tiempo.

Cuando ambos jinetes se hubieron marchado, el escriba hizo una última llamada. Un joven copista, uno de los pocos que el escriba había escogido para enseñarle en persona, fue llevado ante él. El escriba le entregó un antiguo libro, ajado pero aún así bien conservado, que se encontraba cerrado con un extraño cierre metálico. El escriba, simplemente, le dijo al joven que tenía que llevar ese libro a la Biblioteca de Ahrmsen, sobre el Pico de la Nieve Perenne. Y cuando el joven hubo salido, como cualquier simple mensajero, el escriba subió de nuevo a su despacho, se sentó a la mesa, y releyó las últimas frases escritas del libro que escribía, "La Profecía Conjunta de los 13 Dioses".

Los Dioses percibieron la Oscuridad que acechaba, e investigaron, y descubrieron que el Caos había entrado en su Sagrado Reino, y que la amenaza se cernía sobre el futuro del Mundo.
Y los Dioses avisaron a Nehrm - Akhzad, el Escriba Eterno, y le ordenaron que ocultase el Libro de los ojos del Portavoz, pues no debía de ser leido por aquél que ha perdido la Luz.


El escriba cogió su pluma, y comenzó a escribir. Tenía que acabar para empezar a copiar los tomos más antiguos. Tendrían que sacar copias de los libros antes de que Allaberet llegase, para evitar que todo el conocimiento guardado se perdiese.

Y Nehrm - Akhzad, viendo que el peligro era real, tomó las medidas necesarias para que, antes de su muerte en la Batalla de la Torre, el Libro no pudiese ser encontrado, y que el Conocimiento Divino otorgado nunca desapareciese...

28 de febrero de 2008

Las maravillas de internet (y II)

Bueno, de nuevo por aquí. Y esta vez traigo buenas noticias: Mi conexión a internet se ha recuperado por si sola. O mejor dicho, el técnico ha llamado para informar que tenían constancia de una avería en la central, y que entonces lo arreglaban desde allí (o algo por el estilo, es que no he cogido yo la llamada). Es decir, que me tuvieron una hora al teléfono mareandome por culpa de un error que se corregía desde donde estaban ellos. Así que nada, ya vuelvo a tener internet, y puedo relajarme.

Aparte de eso, no tengo mucho más que contar hoy. Estoy un poco estresado por una entrega que tengo que hacer para mañana, de forma que no voy a perder mucho el tiempo con el Blog. Que no es que sea perder el tiempo, sino que tengo otras preferencias ahora mismo. O prioridades, como queraís llamarlo. A efectos prácticos el resultado es el mismo.

Bueno, quedan dos (o tres, según como ajuste el tiempo) posts antes de que me vaya de Viaje Paso de Ecuador, tras lo cual estaré sin postear un tiempo. Pero en cuanto vuelva tendreís una serie de posts retroactivos para disfrutar.
Hala, a pasarlo bien.

27 de febrero de 2008

Las maravillas de internet (I)

Simplemente perfecto. Este es el primer día que no pongo un post en el momento. Y lo peor de todo es que no es culpa mía, sino que la conexión a Internet de mi casa se ha ido a la mierda. Literalmente. A las 14:00 tenía conexión, y me encontraba redactando un correo de gran importancia. Y mira por donde, que al darle al botoncito de enviar, (sobre las 14:30) ya no estoy conectado. Y desde entonces estoy sin internet. Y me repatea.
Tras intentar solucionar el problema por mi cuenta (apagar y encender el router, comprobar conexión entre el ordenador y el router, cambiar las DNS's, reiniciar la tarjeta PCMCIA inalámbrica, etc...) decidí por fin llamar al servicio técnico. Debo decir que la señorita que me atendió fue muy amable, pero por desgracia incapaz de solucionar mi problema. Tras estar un rato insinuando que el problema era la conexión entre mi ordenador y el router (a pesar de que yo decía lo contrario), cuando yo por fin conecté el ordenador al router por cable (para que dejase de tratar de arreglar el supuesto problema de la wifi) hizo una serie de pruebas (incluyendo cambiar la dirección IP del ordenador, logrando así que el router tampoco reconociera al ordenador) para finalmente concluir "que creaba un informe de avería para que viniese un técnico".
No me importa que venga un técnico, es más, si me arregla la conexión estaría dispuesto a cantar alabanzas de él, pero como la conexión entre el ordenador y el router es correcta, me temo que el problema se encuentra con las direcciones DNS (también por los diagnosticos que hace mi router), los cuales no puedo arreglar desde mi ordenador. Así que el hecho de que venga el técnico no creo que ayude mucho, excepto quizas en fatigarme aún más. Ya se verá que es lo que pasa.

No tengo ni idea de cuanto llevo escrito (como tecleo en el Bloc de notas, yo solo veo tres líneas muy largas), así que lo dejaré aquí por ahora. Voy a hacer una última prueba de conexión, a ver si se ha arreglado en este rato, y si es así vereís una bonita posdata. En caso contrario, será el primer post al que le tenga que modificar la hora de publicación para que coincida con la que tengo ahora en mi reloj: las 21:25

P.D.
He logrado (con la ignorada amabilidad de un vecino) publicar el post. Muchas gracias a ese anónimo vecino.

26 de febrero de 2008

El escriba (III)

El escriba apartó la pesada cortina de terciopelo que separaba la escalera de la sala principal de la torre. En el centro, sentado en un cómodo sillón, se encontraba un hombre de unos cuarenta años, de facciones redondeadas y bonachonas, excepto por unos ojos que permitían ver la frialdad que se ocultaba tras su rostro. Vestía una túnica blanca bordada con hilo de oro, y llevaba cruzadas las dos bandas que denotaban su posición de Portavoz de las Iglesias. A ambos lados del sillón, de pie, se encontraban dos de los monjes guerreros de la Guardia Eclesiastica. Oficialmente se encargaban únicamente de proteger a Monseñor Allaberet, pero su aspecto y sus reacciones ante el resto de los trabajadores de la torre indicaban que inoficialmente eran los matones personales de Monseñor.
Al percatarse de la entrada del escriba, el Portavoz se levantó de la silla y le sonrió, pero se quedó esperando a que fuera este el que se acercase hasta donde se encontraba.

- Me alegro que haya podido dedicarme un poco de su tiempo - dijo el prelado, extendiendo el anillo de su cargo hacia el escriba. Este, sin embargo, no besó el anillo como el protocolo requería, sino que hizo una leve inclinación de cabeza. Monseñor Allaberet mostró algunos signos de descontento.
- Siempre tengo tiempo para usted, Allaberet. - el escriba sonrió para sus adentros al ver endurecerse la expresión del prelado. Sabía que gustaba de ejercer su poder sobre la gente mediante el uso del protocolo, y demostrar que él no tomaría parte en ese juego era lo único que podía hacer para desquitarse por la intromisión del Portavoz de las Iglesias en su trabajo. - Espero que me diga como puedo serle de utilidad...

- Usted se dedica a escribir - interrumpió Monseñor Allaberet - todos los tomos religiosos y de magia que existen en este mundo. Es su trabajo, mientras que sus copistas son los que se dedican luego a crear los volúmenes que llegan al resto de la gente. Eso es correcto, ¿no?
- Así es. Yo soy el único a quien se le ha entregado el don de plasmar lo sobrenatural en papel. Pero eso ya lo sabe usted, Allaberet. Tengo entendido que organizó un experimento, intentando que un joven monje escribiese sobre el papel lo que se escuchaba en el oráculo. ¿Creo que el resultado fue... sangriento es la palabra adecuada?
- ¡Eso nada tiene que ver ahora! - exclamó Allaberet, perdiendo por un instante la compostura - Quiero decir, que no es esa la razón por la que he venido. Lo que quería decir, es que los originales, los textos que usted escribe, nunca salen de esta torre. Son las copias de sus subordinados...
- De mis compañeros. - corrigió suavemente el escriba
-... las que llegan al exterior, las que se venden, compran, leen y pierden. Pero el original siempre se conserva aquí. ¿Me equivoco?
- No, Allaberet, no se equivoca. Los textos que yo escribo se quedan en la torre. Aquellos que necesito consultar se encuentran en mi estudio. Los demás se encuentran almacenados en distintas habitaciones de la torre. Todos los libros que he escrito se encuentran aquí, pero muchos de ellos ya no existen fuera de estas paredes.
- Eso es perfecto. Porque yo estoy buscando un libro.
El tono de Monseñor Allaberet había cambiado ligeramente. El escriba, extrañado, observó cuidadosamente al invitado, y creyó ver un curioso brillo en sus ojos. No podía estar seguro, pero el hecho de que hubiese venido hasta la torre...
- Si busca un libro, Allaberet, le recomiendo que pregunte en las bibliotecas, o a aquellos mercaderes que tratan con libros antiguos. Pero lamento decirle que aquí solo se crean las copias que van a parar al resto de publicadores, no se crean copias para personas individuales.
- Lo entiendo, pero el libro que yo busco es de hace mucho tiempo. Es un libro del que ya no existen copias, pero cuyo original se encuentra aquí. Y desearía tener una copia, o por lo menos leerlo, si es que una copia no es posible.
- Esto no es una bilioteca, Allaberet. Si desea leer con tanto afán ese libro, tendrá que buscarlo en otro lugar. - dijo tajantemente.

El escriba se encontraba ligeramente incomodo. Las grandes bibliotecas de Welshford y Arq Amehyon contenían casi todos los libros que él había escrito. Desde que se fundaron, habían decidido guardar al menos una copia de todos los tomos publicados, no solo de aquellos que trataban de magia o de la palabra divina, sino también de las ridículas noveluchas que se escribían para entretenimiento de la nobleza. El hecho de que Monseñor Allaberet hubiera venido directamente a la fuente solo quería decir que el libro ciertamente no existía ya en ningún otro lugar. ¿Pero qué libro podía haber llamado tan poderosamente la atención del prelado, como para efectuar este viaje? ¿Por qué necesariamente tenía que ser el texto original, y no servía una de esas adaptaciones que los eruditos a veces hacían de los textos más antiguos, aquellos que por el paso del tiempo ya no se conservaban?
Pero sobre todo, el escriba se preguntaba por qué razón la sala más confortable de toda la torre, la que tenía las chimeneas siempre ardiendo, la que utilizaban para recibir a los invitados y que se sintieran como si estuviesen en un pequeño palacio, le parecía de pronto tan fría y confortable como una celda.

25 de febrero de 2008

Con la mente en blanco

Estoy cansado.
A decir verdad, no me encuentro ni siquiera con ganas de escribir ahora la entrada, pero luego sé que no la escribiré, de forma que aprovecho este momento. Y no es que esté cansado del Blog, (no queridos lectores, no tendreís esa suerte), sino que tener una clase de 18:00 a 20:00 de puras matemáticas puede convertir el cerebro de cualquiera en papilla.
Y precisamente por eso me encuentro sin ideas. Sin saber que escribir en el Blog. Podría continuar con la historia, pero no se me ocurre como plantear la situación. Podría escribir sobre lo que hemos hecho en la clase de Criptología, pero no me veo con fuerzas como para empezar a mencionar todas las matemáticas que hemos visto. Aunque interesante ha sido - pero también cansado.

De forma que recurro a un truco bastante simple. Escribir sobre el hecho de que no sé que escribir. Inspirado por un corto visto en Youtube, en el cual el corto completo es una autoreferencia al corto que estas viendo. Os recomiendo que lo veais, os pongo los enlaces:
Un Corto (Parte 1 de 2)
Un Corto (Parte 2 de 2)

Y la verdad es que ya no sé que decir. Lo malo de tener la mente en blanco es que no eres capaz de escribir nada sustancial, ni interesante, de forma que en vez de seguir tratando de publicar algo con un mínimo de valor literario, me planto y volveré mañana con más.

24 de febrero de 2008

A small introduction

As I previously mentioned, on Sundays the entry shall be written in english. And as this happens to be the first post actually written in Shakespeare's language, I'd rather give a small introduction as to why I write in english.

I must say that I like the english language. I've been learning it since I was young (a small fry, so to speak) and have thus developed a kind of fondness for it. The fact that most books and films, when translated into any other language, lose the nuances that make them witty, has also been a major reason as to why I've kept studying english up until now. Actually, right now I'm preparing for the Certificate of Proficiency in English, so I guess studying is undoubtedly the correct word to use in this situation.

However, I must say that I don't use the language for academic reasons. Most of the time I have to make use of english is for pure entertainment. I read in english, I watch movies and TV series in english, and when surfing the internet an english webpage doesn't pose a problem. Nevertheless, without practice the skills get rusty, and as everyone knows it's not the same to read or to listen than to write or speak. So I decided to dedicate a small part of my weblog efforts to practising the art of writing... and I must say I do notice some doubts while writing these sentences. Not being sure if what is being written will be correct or if it will cause an outbreak of laughter is something that I must get used to.

Well, I guess that's it for now. For some reason I feel quite sleepy, and I can't concentrate as much as I would like on the text. So, so long, and thanks for all the fish.

23 de febrero de 2008

Apurando el tiempo

Por poco incumplo por vez primera mi objetivo de publicar una vez cada día. Y eso que a lo largo del día me he planteado más de una vez escribir la entrada, pero estaba entretenido con otros asuntos, y ahora, de repente, he mirado el reloj y me he sorprendido al ver que quedaban solo dos minutos para que acabase el día. Por suerte solo he tardado un minuto en empezar a escribir el post, de forma que, aunque vosotros lectores recibaís el post pasadas las 00:00, efectivamente se ha empezado a escribir antes de esa hora, de forma que sigo cumpliendo los objetivos. Pero reconozco que por poco.

Y es que me absorbo cuando hago algo que me interesa, y pierdo el sentido del tiempo y de la realidad. Me he pasado gran parte del día programando para una asignatura, y luego mi tiempo de ocio lo he dedicado a disfrutar del placer de los comics japoneses (en este caso, One Piece) y del anime (actualmente Cowboy Bebop - una joya recién descubierta). Y con cualquiera de esas tres cosas he perdido por completo el control del tiempo. Que más de una hora se pase volando sin que me entere no es algo raro en estos casos... y eso es precisamente un grave problema a la hora de cumplir los "horarios" de los posts.
Como yo sé que me pasa esto, tener la obligación moral (por llamarlo de alguna forma, aunque obligación suene algo extremo) de publicar una entrada al día es una forma entretenida de forzarme a controlar esas distracciones, y así hacer aquellas cosas que tienen que hacerse.

Bueno, creo que estoy desvariando un poco. No pretendo extenderme demasiado, que ya estoy fuera de horario. Así que ya nos veremos (o leeremos) mañana. Un saludo, y disculpad el retraso.

22 de febrero de 2008

El escriba (II)

El crujido de una puerta al abrirse rompe el silencio de la sala, y unos haces de luz se cuelan por entre el más alto de los montones de libros. Al cabo de un instante, se escucha un carraspeo.
- Señor, ha llegado a la torre Monseñor Allaberet. Solicita una audiencia con usted cuanto antes. Dice que se trata de un asunto de máxima urgencia. - comunica una voz a través de la pila de libros.
El escriba deposita la pluma cuidadosamente sobre la mesa, y con un curioso brillo en sus ojos contempla el montón de libros, y se dirige a la persona que hay detrás.
- Monseñor Allaberet siempre tiene que tratar asuntos de la máxima urgencia. Es por eso que ha alcanzado la posición de Portavoz de las Iglesias. Y si mal no recuerdo, Monseñor no solicita audiencias... ¿Me equivoco?
- No señor. - contesta la voz - A decir verdad ha exigido la audiencia, pero creí conveniente formularselo como una petición.
- Cambiar las palabras no cambia los objetivos para los que se usan. Si Monseñor lo ha exigido, aunque yo quisiera negarme no podría. O sí podría, pero entonces sería Monseñor quien subiría a mi estudio, y eso no pienso tolerarlo. De todas formas, me esperaba su visita. Infórmele que bajaré lo antes posible... En cuanto abra un camino hasta la puerta.
- Puedo ayudarle a mover los libros... - replicó con rapidez la voz. El nerviosismo que denotaba era muestra inconfundible de que no deseaba estar junto a Monseñor Allaberet mientras este esperaba.
- No. - El escriba no gritó, pero no hacía falta. El tono de su voz dejaba claro que no obedecer esa orden no era una opción. - Solo yo muevo los libros, para saber siempre donde están. Ve y espera abajo.
Se escuchó un pequeño suspiro, seguido de cerca por unos pasos que se alejaban, bajando lentamente. El escriba comenzó a mover los libros, nunca tirándolos al suelo, pero examinando siempre el lomo del tomo que tenía entre sus manos antes de depositarlo en el suelo. Alguien con un oido excepcional podría haberle escuchado murmurar algunas frases sueltas habladas para si mismo, pero sin conocer el orden dentro del caos de la habitación nunca las habría podido comprender.
Al cabo de un rato, el vano de la puerta fue visible y accesible desde el interior de la habitación, iluminado por una antorcha de madera enganchada en la pared. El escriba se sacudió un poco el polvo de su túnica, y comenzó a descender la escalera en espiral que le llevaría hasta Monseñor Allabert.

21 de febrero de 2008

Curiosidades en la Wikipedia

Todo el mundo conoce la Wikipedia. Eso es algo que no dudo. A decir verdad, es una de las páginas de referencia que más utilizo cuando tengo que hacer algún trabajo o similares.
Sin embargo, hoy me he encontrado con una pequeña maravilla: un artículo titulado "Temas curiosos dentro de la Wikipedia" (Traducción libre del titulo del articulo en inglés). Es un pequeño articulo que lista aquellas contribuciones de los usuarios que, segun el propio artículo, "uno no espera encontrar en la enciclopedia Británica" y que de por si son extraños.
En esa lista se pueden encontrar artículos como la lista de colores del ruido (ruido blanco, ruido rosa, ruido marrón...), el parque más pequeño del mundo (creo que menos de un metro cuadrado), la calle más corta (unos dos metros), y otros artículos más entretenidos, como el artículo sobre los peligros del Monóxido de Dihidrógeno, principal componente de la lluvia ácida y que se encuentra en muchos de los alimentos que consumimos... Para los que no sepan de química, el Monóxido de Dihidrógeno es un nombre atípico para el agua de toda la vida.

Ha sido este artículo (y varios de los que he estado mirando a lo largo de la tarde) el que me ha alegrado una espera de un par de horas, y (retomando un poco el post anterior) me ha permitido encontrar algo en mi rutinario día que contar.

P.D.
Un post un poco más corto que los últimos, pero me parece un cambio agradable.

20 de febrero de 2008

El problema de la rutina

No hace mucho mantuve una conversación pseudopsiquiátrica con una amiga. En dicha conversación, ella afirmaba que su fin de semana había sido rutinario, y que por ello se encontraba sin nada que contar y sin nada que la hubiese alegrado en particular. Si mal no recuerdo (y me permito remitirme a el post del día 18 de Febrero) fue debido a esto por lo que lo clasificó como un mal fin de semana.
Yo, por el contrario, intenté hacerla ver que la rutina no tiene que ser sinonimo de aburrimiento, o de no tener nada que contar. Insistí en que hay que buscar algo que uno quiera hacer con muchas ganas, por pequeño que sea, y hacerlo. Aunque este pequeño placer se repita todos los fines de semana a la misma hora (y por ello se vuelva rutinario), si es algo que realmente nos gusta seguirá alegrandonos el día. Con esto se elimina el problema de tener que denominar el fin de semana como "malo".

Sin embargo, ahora que escribo un Blog, me doy cuenta que la rutina sí que impide contar cosas. No necesariamente porque no interesen al lector, sino porque el autor no las considera suficientemente llamativas o interesantes como para mencionarlas. Y aunque suceda algo llamativo que merezca la pena contar, si se encuentra dentro de un contexto rutinario es posible que no se llegue a concretar en un post.
Por ejemplo, ayer estuve en una academia, preparandome el CPE, y como una tarea nos dieron un texto sobre la malaria. En ese texto pude encontrar una serie de datos que me sorprendieron mucho, y que estuve a punto de mencionar en un post. Eran:

  • En algunas zonas de África, de cada 1000 niños menores de 5 años 1353 fueron infectados por la malaria en ese año. Algunos niños fueron infectados más de una vez.
  • Algunos cientificos creen que una de cada dos personas que han vivido en el planeta ha muerto por culpa de la malaria. Es decir, el 50% de todas las muertes que ha habido se debió a la malaria.
  • No existe ninguna vacuna que pueda prevenir una infección por parásitos.
Son datos muy llamativos (aunque hay que preguntarse si National Geographic buscó los que les convenían) y que provocaron que quisiese dedicarle un post al articulo. Es obvio que no lo hice. Y la razón principal es que, no solo no se más del tema, sino que al haberlo leido en un contexto rutinario no me planteé mencionar ese contexto (la academia) para introducir el tema.

Lo que pretendía expresar con este post, y que quizás se haya perdido debido a mis elucubraciones, es que la rutina del día a día puede ser la responsable de la falta de temas en el Blog. No porque no haya sucedido nada, sino porque lo ocurrido es lo que pasa siempre, y por ello no me planteo mencionarlo. Espero que a pesar de ello, siga teniendo algo que decir todos los días.

P.D.
Estuve dudando entre continuar la historia, o intentar contar algo a pesar de haber sido un día rutinario. Siguiendo el consejo de un buen amigo, tiré un dado. Este ha sido el resultado.

19 de febrero de 2008

El escriba (I)

La sala se encuentra en la penumbra. Una única vela, situada sobre la pequeña mesa de roble, echa su trémula luz sobre los montones de libros que se pueden ver tanto sobre ella como por el suelo.
El desorden en estos montones causa que la vela, más que iluminar, ensalce las sombras de la habitación, creando extrañas figuras sobre las estanterias medio vacias de las paredes. El movimiento de la llama provoca que solamente el centro de la mesa se encuentre iluminado en todo momento, y es en este lugar donde una esqueletica mano traza lentamente palabras sobre el papel.
De vez en cuando se detiene la escritura, y el escriba se levanta en busca de uno de los múltiples tomos que hay en la sala. Sin dudar ni un instante lo saca de entre el caos de montones, y tras consultarlo durante un instante lo deposita sin ceremonias en el primer sitio libre que encuentra, normalmente otra pila de libros distinta de la que lo sacó. Vuelve a la silla, y prosigue su lento escribir. Un rato más tarde, quizás despues de escribir unas pocas líneas, se repite el ciclo.
El escriba no parece dudar nunca. A pesar del desorden reinante, y del hecho de que varios de los libros se encuentren totalmente ocultos bajo varios otros tomos, el escriba siempre parece encontrar el libro que busca a la primera, como si llevase repitiendo el proceso durante años sin descanso.
El aspecto cadavérico del hombre aparentemente confirma el hecho. Tez pálida, blanca, totalmente falta de rubor. Ojos negros, hundidos, formados casi por completo por pupila, que se dirían inyectados en sangre si no fuera porque las venas que se pueden ver tienen un color casi grisaceo. Labios arrugados y amoratados, flanqueados por unos pómulos hundidos y cubiertos por una descuidada barba. Sin embargo, viendo los movimientos del hombre, se obtiene la impresión de fuerza, de poderío, en vez de la fragilidad y enfermedad que su aspecto podrían indicar.
La vela, consumida ya por completo, se apaga sumiendo en completa oscuridad la habitación. En las tinieblas, los sonidos parecen amplificarse, y por vez primera se puede comprobar que no hay ventana alguna en la sala. El arrastrar de una silla sobre el suelo. Los seguros pasos del escriba sobre el suelo, amortiguados de vez en cuando por alguna hoja de papel suelta que cubre el suelo. No se oye ningun libro al caer al suelo, ni el chocar del hombre en la oscuridad contra objeto alguno. Los pasos se detienen, y se oye un pequeño chasquear, surgiendo una pequeña llama que prende una nueva vela.
El escriba vuelve a su asiento, coloca la vela en el pequeño cacharro de barro situado frente a su folio, y prosigue su eterna tarea.

18 de febrero de 2008

La mala memoria

Hoy a primera hora de la mañana, mientras iba de camino a la universidad, una chica me ha saludado y, ante mi cara de desconcierto, me ha preguntado si es que no la recordaba. Como no caía en quién era, me dijo que nos conocimos en Argüelles, y luego se despidió porque tenía prisa.
Ciertamente yo no hice nada por tratar de prolongar la conversación, ni de saludarla, ni nada, ya que... No tengo ni idea de quién es. No tengo ningún recuerdo de su cara (se me dan mejor las caras que los nombres) y a lo único a lo que he ido a Argüelles en el último año es a la academia para aprobar una asignatura pendiente. Y no recuerdo a ninguna chica a la que le dijese mi nombre.

No se si ha sido una simple confusión, a pesar de que me llamó por mi nombre, pero una cosa tengo clara: en caso contrario mi memoria me preocupa. Yo siempre he sostenido que tengo una memoria de pez (cinco segundos de retentiva), y por desgracia parece que es cierto. Me olvido de muchas cosas, varias de ellas consideradas importantes por mis conocidos, pero hasta ahora nunca había tenido la impresión de haber olvidado un hecho por completo como si nunca hubiese ocurrido. Me explico.

Puede ocurrir que reciba una llamada telefónica, y que deba dar un mensaje que olvido al cabo de una hora; o que me presenten a un grupo de gente y al cabo de cinco minutos sea incapaz de recordar quién es quién. Pero siempre me queda un recuerdo, el hecho de que hubo una llamada (aunque ya no sepa quién llamo ni que quería) o el hecho de que en la fiesta me presentaron a gente (aunque haya olvidado varias de las caras, los nombres, y probablemente de que hablamos). Pero existe un contexto en el que situarme cuando alguien dice la fatídica frase de "Pero no te acuerdas?".
En este caso no existe ese contexto. No recuerdo que nadie se me presentase en la academia, ni recuerdo haber estado en Argüelles en ninguna otra ocasión. Y eso es algo que me preocupa en parte, puesto que destruye la confianza que tengo en ese "contexto" que hasta ahora siempre tenía.

17 de febrero de 2008

Avance de intenciones

Me encuentro sorprendido. Me he acordado de publicar el segundo post en el Blog, y conociendo mi memoria (y mi habilidad para disfrutar del pecado de la pereza) debo decir que no es normal. Pero ya que he decidido intentar publicar una entrada por día, trataré de cumplir mi propósito.

Sin embargo debo avisar que el susodicho propósito no se va a cumplir por completo. A principios de Marzo voy a estar unos días sin facilidad de acceso a internet. Me voy de viaje Paso de Ecuador y, por lo que me han comentado, no es facil conectarse a la red. Algunas personas me han dicho que es directamente imposible, mientras que otras aseguran que se trata de una exageración. Sea como sea, es posible que en esas fechas las actualizaciones no sean diarias. Lo que sí puedo garantizar es que, en aquellos días donde no haya un post nuevo en la web, el post se habrá escrito en papel y se publicará a mi regreso. A efectos prácticos, y debido a las opciones de publicación de los posts, las entradas aparecerán con retraso en sus días correspondientes.

Un par de datos más.
El aspecto gráfico o visual del Blog puede que cambie en algún momento. Tengo la intención de, por así decirlo, redecorar el Blog en algún momento, añadiendo imágenes propias y modificando lo que viene incluido por defecto en la plantilla. No se cuando empezará, ni como resultará, pero quien avisa no es traidor.
El segundo dato, mencionado de pasada en el post anterior, es que tengo la intención de publicar el post de los domingos en inglés. Ya oigo a alguno decir "pero si hoy ya es domingo!" y frases similares. Lo sé. Lo que pasa es que prefiero acabar la serie de posts introductorios (si es que existe esa palabra) antes de empezar con mis pequeñas rarezas.

Bueno, creo que no está mal. Los comienzos siempre son difíciles, asi que pararé por hoy.

16 de febrero de 2008

Inicio del Blog

Bueno, aquí estamos.
La primera entrada del Blog, como siempre, es una entrada que deja mucho que desear. Es una entrada en la que no se sabe exactamente que decir, en la que normalmente se pretende introducir el tema del Blog, o expresar las razones que han llevado al autor a iniciarlo... O alguna otra cosa similar.

Y aunque inicialmente pretendía distanciarme de ese inicio típico, creo que el resultado final será explicar algunos de los elementos anteriormente mencionados. Aunque sea poco original, pero a estas horas no se me ocurre nada transcendental que mencionar. Asi que nada, alla vamos.

Indicar que el primer objetivo de este Blog es, sobre todo, un ejercicio personal de resistencia. Ya he intentado llevar un par de veces un Blog, y en ambos casos al cabo de dos entradas dejé de actualizar. Así que pretendo actualizarlo una vez al día, ya sea con reflexiones sin mucho sentido, pequeños fragmentos de ficción en prosa, o lo que resulte. Puede gustar o no, pero por lo menos habré publicado algo.

Debería haber ahora un segundo objetivo, ya que he mencionado el primero, pero la verdad es que en vez de ello lo que tengo son muchas ideas. Publicar pequeñas historias de ficción, escribir en otros idiomas para practicarlos y no olvidarlos, entretenerme, reflexionar... Todos ellos podrían ser objetivos válidos, pero no se si se pueden considerar como tales. Que cada uno opine lo que le parece.

Un último comentario antes de terminar (que como primer post creo que ya basta): No se me dan bien las tildes. Seguramente ya lo habreis notado, de forma que no es nada nuevo, pero no pienso cambiar. Pondré todas las que me acuerde de poner, de forma que espero que sepais disculpar los errores que ello ocasione.

Un saludo a los lectores (si es que ya hay alguno).