Resolver algo por las malas, siguiendo el método de las Iglesias, era siempre una forma bastante cruel y sangrienta de solucionar las cosas.
- Entiendo Allaberet. Veré que puedo hacer. Pero como comprenderá, aunque vaya a hacer una excepción con usted, sigue teniendo que seguir unas reglas. Estas son las condiciones. Usted me dirá el título del libro, y la fecha en la que fue escrito. No puedo dejarle registrar los almacenes, puesto que varios de los libros son muy delicados. Me dará cinco días para buscar el libro, y preparar una sala para que pueda leerlo. Solo usted entrará en esa sala, y habrá dos de mis copistas vigilando que el libro no sufra daños. ¿Está usted de acuerdo?
- Completamente.
- En ese caso, ¿Me dice que libro quiere? - Ahora sabría por qué Monseñor había hecho ese viaje, y por qué había recibido ese mensaje antes...
- El título es "Deus Arcana ex Omnia Potentis", y por lo que tengo entendido existe una referencia...
- Por supuesto, por supuesto. En ese caso nosotros nos retiraremos a la villa. Creo que uno de mis pajes alquiló una casa para pasar la noche, de forma que esperaré allí a que lo prepare todo.
- Espero que la espera no se le haga muy larga.
Monseñor Allaberet sonrió, y salió de la sala seguido por sus dos guardias. En cuanto las puertas se hubieron cerrado tras él, el rostro del escriba quedó demudado. No le gustaba mentir, es más, iba en contra de su naturaleza, pero en este caso no había más remedio. Hizo una seña a uno de los copistas que pasaba por allí y le dijo:
- Traemé de inmediato al capitán de defensa de la torre. Y busca rápido al Maestro de Copistas y al Maestro de Libros. Necesito que vengan los tres cuanto antes a mi presencia. Y nadie ha de entrar en esta sala mientras hablo con ellos, mencionaselo al capitán.
- ¿Por qué razón?
- Sólo los dioses lo saben. - contestó el escriba. Una mirada entre los otros indicó el pensamiento que todos habían tenido. Lo que sabían los dioses era escrito por el escriba, a través de la inspiración divina. - De todas formas, hay que evitar grandes destrozos. Maestro de Copistas, de ahora en adelante todos los miembros de tu sección trabajarán durante todo el día. Deben hacer copias de cuantos libros tenemos en la torre. Maestro de Libros, habrás de proporcionar cuantos tomos sean necesarios para ello, y debereís encargaros de que el mayor numero de libros se copien, sin que se repitan. Tendreís acceso a los archivos.
- ¿A los archivos? ¿Yo? - exclamó sorprendido el Maestro de Libros.
- Tú y todo tus subordinados. La copia debe hacerse cuanto antes. En cinco días vendrá Allaberet, y estimo que en dos o tres semanas llegarán los soldados.
- Pero Allaberet ya ha estado aquí hoy. - dijo el capitán - ¿Por qué habría de volver?
- Porque espera recibir un libro que jamás recibirá. Y por eso enviará a las tropas. Tu trabajo, capitán, será organizar la defensa de la torre. No debe de ser obvio hasta después de la visita de Allaberet, pero necesitaremos resistir cuanto podamos. Asimismo, escogerás a un par de tus mejores jinetes, y los traerás aquí. Tienen una misión especial. ¿Habeis entendido?
- ¿Caer, la torre? ¿Allaberet? ¿De que hablais, señor?
- Si vuestro capitán no os ha dicho más, yo callaré. Lo comprendereis a su debido tiempo. Solo recordad, la gente debe saber que habeis salido, pero que no les parezca importante hasta dentro de cierto tiempo.
Cuando ambos jinetes se hubieron marchado, el escriba hizo una última llamada. Un joven copista, uno de los pocos que el escriba había escogido para enseñarle en persona, fue llevado ante él. El escriba le entregó un antiguo libro, ajado pero aún así bien conservado, que se encontraba cerrado con un extraño cierre metálico. El escriba, simplemente, le dijo al joven que tenía que llevar ese libro a la Biblioteca de Ahrmsen, sobre el Pico de la Nieve Perenne. Y cuando el joven hubo salido, como cualquier simple mensajero, el escriba subió de nuevo a su despacho, se sentó a la mesa, y releyó las últimas frases escritas del libro que escribía, "La Profecía Conjunta de los 13 Dioses".
Los Dioses percibieron la Oscuridad que acechaba, e investigaron, y descubrieron que el Caos había entrado en su Sagrado Reino, y que la amenaza se cernía sobre el futuro del Mundo.
Y los Dioses avisaron a Nehrm - Akhzad, el Escriba Eterno, y le ordenaron que ocultase el Libro de los ojos del Portavoz, pues no debía de ser leido por aquél que ha perdido la Luz.
El escriba cogió su pluma, y comenzó a escribir. Tenía que acabar para empezar a copiar los tomos más antiguos. Tendrían que sacar copias de los libros antes de que Allaberet llegase, para evitar que todo el conocimiento guardado se perdiese.
Y Nehrm - Akhzad, viendo que el peligro era real, tomó las medidas necesarias para que, antes de su muerte en la Batalla de la Torre, el Libro no pudiese ser encontrado, y que el Conocimiento Divino otorgado nunca desapareciese...