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6 de febrero de 2009

El Bergantín VIII

- En ese instante, cuando ya creía que tendría que echar mano de los remos para no perder mi destino de vista, un delfín asomó la cabeza cerca de donde me encontraba. Y ya se que los delfines no hablan, y no pretendo que este lo hiciera. Pero la mirada que me echó fue tan inteligente, que fue como si lo hubiera hecho. Comprendí sin necesidad de las vanas palabras que los hombres gastamos que el delfín quería ayudarme, y que me pedía que echara una soga al agua. Rápidamente busqué por la cubierta, y agarré la soga más resistente que tenía a mano. Con todas mis fuerzas volteé el extremo que tenía entre mis manos, y la lancé en dirección al animal. Y de pronto, como si a esa señal hubieran esperado, otros cinco delfines surgieron de las alborotadas aguas y agarraron con fuerza la cuerda, empezando a tirar.

En ese preciso momento - dijo, haciendo una pausa para mirar a los grumetes más jóvenes - me percaté de que el otro extremo de la soga lanzada no estaba atado al barco. Moviendome entre la espuma que salpicaba la cubierta, agarré la cuerda y la até con todas mis fuerzas al palo central, y justo a tiempo pues en cuanto acabé la soga se tensó, y un fuerte tirón hizo que el barco saltase sobre la siguiente ola. Recuerdo que en ese momento me pregunté como era posible que seis delfines tuvieran tanta fuerza, mas había perdido el equilibrio y me golpeé la cabeza, perdiendo el sentido.

Cuando desperté, el mar estaba en calma. Por un momento me asusté, creyendo que los delfines me habían alejado de mi curso. Pero cuando comprobé mi posición con un poco de calma, observando las estrellas que me rodeaban, me sorprendí al ver que estaba en el mismo punto donde les lancé la cuerda a los delfines. Sólo puedo suponer que tras alejarme de ese extraño caos acuático, me volvieron a llevar al mismo lugar de donde me sacaron. Examiné detenidamente las aguas a mi alrededor, a ver si localizaba a mis salvadores, pero no vi ni rastro de ellos, ni de lo que pudo haber causado esas poderosas olas. Así pues, volví a desplegar mis velas, y retomé mi viaje con rumbo a Birmania.

28 de diciembre de 2008

El Bergantín VII

Ya ha pasado bastante tiempo desde que publicase un fragmento del cuento. Como los que leeis el blog vais un poco más retrasados, he considerado ir poniendo aquellos trozos que ya están redactados, para vuestro disfrute.
Si no recordais como era el cuento hasta ahora, os recuerdo que todo se encuentra bajo la etiqueta Juglar que podeis encontrar en el lateral.
Espero que os siga gustando.


- - - - - - - - - -

Durante todo el día estuvo la joven alegre, pero conforme se iba acercando la noche se empezaba a entristecer. Recordaba al marinero, y lo bien que le había tratado, y lo mal que ella misma había actuado ante lo que, ahora se daba cuenta, debía de ser una historia para entretenerla. Se había reido en la cara del marinero! Mientras cenaba con sus tías pensaba en cómo podría disculparse, y poco antes de irse a la cama ya había tomado la decisión de volver a ir al puerto para poder excusar su comportamiento.

"Es lo mínimo que puedo hacer después de lo bien que me ha tratado. Y no tardaré mucho rato, para que mis tías no se preocupen como hoy."

Así que, en cuanto supo con seguridad que sus tías dormían profundamente, bajó sigilosamente al piso de abajo y salió como hiciera la noche anterior. Evitando las calles más concurridas, se acercó hasta el puerto y se metió por entre los marineros que pululaban por la zona. Al cabo de un rato, llegó hasta el muelle donde se encontraba anclado el bergantín de plateadas velas, y se llevó una sorpresa. Pues sentados en semicírculo alrededor del capitán, utilizando las cajas de mercancía que se encontraban en el muelle como improvisados taburetes, había varios marinos del resto de barcos, de casi todas las edades imaginables. Por un instante la joven no comprendió lo que pasaba, hasta que se dió cuenta de que el joven marinero del otro día estaba contando una historia.

- ... golpeaban con fuerza el casco del barco, zarandeándolo de un lado para otro. Aunque sabía que las olas no tenían la fuerza suficiente como para hundirme, estaba preocupado al pensar que perdería el rumbo. Los más experimentados sabrán que si uno pierde el rumbo en medio de una tormenta, hay un gran riesgo de acabar encallado en alguno de los múltiples arrecifes que pueblan las aguas de los mares. Y aunque en mi caso la furia del mar no se debía al viento y a la lluvia, el resultado habría sido el mismo. - narraba en ese preciso momento el marinero.

Intrigada por lo que estaba contando, la joven tomó asiento al lado de un hombre de poblada barba, que asentía con el mismo fervor que un niño de cinco años cuando escucha a su abuelo contar un cuento.

27 de septiembre de 2008

El Bergantín V & VI

Puesto que ya ha habido un pequeño avance de la quinta parte para algunos de mis lectores, hoy publico tanto la quinta como la sexta parte del cuento. Ruego que me comenteis los laismos y leismos que haya en el texto, pues ya me han llamado la atención sobre mi tendencia a equivocarme en ese aspecto, interrumpiendo así el disfrute del cuento.

- Veamos, creo que es la primera vez que me preguntan por qué no es normal. La gente que se interesa por el bergantín suele dejar de hacer preguntas después de decirles que es mágico, así que nunca he tenido que explicarlo. Lo que pasa es que este barco no navega con el viento, como hacen los demás, sino que se mueve gracias al viento lunar. No es exactamente un viento, sino más bien una especie de energía, una corriente que aparece cuando la luna está en el cielo. Para poder moverse con el viento lunar, necesita una vela especial, cosida y tratada de forma diferente al resto de velas, y tiene que ser además mucho más ligero que el resto de barcos, llevando siempre poco peso. Así pues, la embarcación no puede moverse si hay más de una persona a bordo, por lo que ha sido construida de forma especial para que un solo hombre pueda controlarla en todo momento.
- ¿Y eso es todo? - preguntó la joven.

Después de haber oído lo del barco mágico había esperado algo distinto, en vez de simplemente lo que se podían considerar modificaciones que cualquiera podía hacer. Por alguna razón se sentía engañada, y eso no le agradaba.

El marinero se puso a tocar una melodía diferente en su flauta, y durante un largo rato eso fue lo único que hizo. Luego dejó la flauta y habló de nuevo.

- No, - contestó el marinero - eso sólo explica porqué un solo hombre puede ir en el barco. Lo que se puede considerar más mágico son las otras cosas que tiene el barco. La vela, por ejemplo, es de un material que no encontrarás en ningún otro sitio, y lo que se le ha hecho para que pueda funcionar con la luz de la luna sin que el viento le afecte es algo que ni siquiera yo conozco. Y como el barco sólo puede avanzar a la luz de la luna, pues sólo entonces recibe el viento lunar, mientras estás navegando con él no se hará de día.
- ¡Eso no puede ser! - exclamó la joven. - Tiene que hacerse de día.
- Y seguramente en tierra firme haya día y noche, pero mientras he estado en el barco no he visto la luz del sol, y navego siempre de noche. Además, nunca he encontrado ninguna tormenta en mis viajes, como si el bergantín esquivase la lluvia y el mal tiempo. Y por último, resulta que el barco sólo puede estar atracado en tierra firme mientras haya luna llena, por lo que solamente puedo quedarme en un sitio durante los dos días y las tres noches que hay luna llena.

Esta vez fue la risa de la joven la que silenció el resto de sonidos, y acalló al marinero. Durante un buen rato estuvo la joven riéndose alegremente, hasta que fue capaz de mantener la compostura como le habían enseñado sus tías, y pudo mirar al marinero de nuevo a los ojos. Éste, tras la sorpresa inicial de verse interrumpido por la risa de quien hasta ahora había escuchado en silencio, había vuelto a coger su flauta y tocaba una serie de notas una y otra vez, cada vez más rápido hasta que fue imposible distinguir las notas individuales. La joven esperó hasta que acabase antes de volver a hablar.

- Ha sido una historia muy interesante, aunque lo que cuentes se parezca más a una historia de las de hechiceros que mencionaste antes. Me lo he pasado muy bien, aunque al final hayas recurrido a la ficción. Sin embargo ahora me tengo que ir a mi casa, pues ya llevo bastante tiempo fuera, y no quiero que me regañen por estar dormida mañana durante mis tareas.

El marinero no contestó. Se limitó a asentir con la cabeza al tiempo que empezaba una nueva melodía, más lenta que la anterior. La joven, sonriendo, se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso a su casa. Se sentía relajada, tranquila y alegre, mucho más de lo que recordaba haber estado en años. Era como si la visita hecha al barco la hubiese liberado de unas cadenas que no sabía que llevaba puestas, y ahora se sentía como si fuera capaz de lograr todo lo que se propusiera.


La gente que la conocía se percató del cambio durante el día siguiente. Pocas personas la recordaban tan vivaz desde la muerte de sus padres, y fueron muchos los que la miraron como si no la reconocieran. Incluso sus tías, que normalmente no le hacían un caso excesivo, se dieron cuenta de su anormal alegría, y la estuvieron interrogando durante un rato temiendo que algún joven se hubiera apoderado de su corazón. Mas como no podían imaginar que su queridísima y dócil sobrina se hubiera escapado durante la noche, no pudieron averiguar la razón de su cambio de humor.

19 de septiembre de 2008

El Bergantín IV

La joven se quedo callada, escuchando la música. Pero esta vez no estaba concentrada únicamente en la melodía, sino que pensaba en las palabras del marinero. "¿Un barco mágico?" se preguntaba, "¿Se cree que soy tonta? Eso no es posible, no existen cosas así... pero sin embargo está solo en el barco, y no parece haber nadie más..."

- Parece escéptica. - dijo el marinero tras interrumpir de nuevo su melodía. - ¿Es que quizás no me cree? - dijo mientras una sonrisa asomaba a sus labios.

La joven se ruborizó, descubierta en sus pensamientos, mas en vez de callar como había hecho tantas otras veces reunió valor y contestó.

- Pues la verdad es que no sé que pensar. Debe usted reconocer que lo que me cuenta es bastante increíble, y no tengo forma de saber si me está gastando una broma o no.

El marinero rió con fuerza. Tras unos instantes, en los que su risa fue lo único que se oía, el marinero replicó.

- Es cierto, no tiene forma de saberlo. Por cierto, puede usted tutearme si lo desea, aunque lamento decirle que no podré darle mi nombre. Sin embargo si puedo decirle que este barco es ciertamente mágico, aunque no exáctamente como quizás haya imaginado. He de suponer que, al decir que era mágico, ha pensado en esas historias sobre dragones y hechiceros, y en princesas atrapadas en altas torres. En ese caso no, no es mágico, pero sin embargo no es una embarcación normal.
- ¿Puedes explicarme por qué no es normal? Y también puedes tutearme, si asi lo deseas.
- Muchas gracias, señorita, y no preguntaré su nombre. Ah! - El marinero acalló con un gesto la réplica de la joven. - No sería justo que vos me diera su nombre, si yo no doy el mío. Además, puedo suponer que nadie sabe que estás aquí, y si supiera tu nombre me sería más dificil ocultar que estuviste aquí. - Sonrió de nuevo, y luego se reclinó en la hamaca. Jugueteaba con la flauta, tocando de vez en cuando unas pocas notas mientras pensaba qué decir.

29 de julio de 2008

El Bergantín III

Si alguien hubiera estado observando los pasos de la joven habría creído que paseaba sin rumbo, pues más de una vez pasó por el mismo lugar sin darse cuenta. Sin embargo, al cabo de un rato la joven se detuvo frente a un barco. Se trataba de un pequeño bergantín de dos mástiles, que comparados con los palos de los pesqueros de su alrededor parecían extenderse hacia el cielo. A pesar de ello la embarcación era más pequeña que el resto de los bergantines comerciales que había visto durante su vida, y la madera de aquellos palidecía al compararla con el color bronce bruñido que poseía la de el pequeño navío. A pesar de no llevar mascarón de proa, el bergantín se encontraba adornado con elementos dorados por la borda de la cubierta, mientras que las velas, recogidas, aparentaban ser de seda grisácea, y solamente cuando la luz de la luna las alcanzaba de lleno refulgían brevemente como la plata.

Sobre la cubierta, sentado en una hamaca tendida entre los dos palos, estaba un marinero tocando una pequeña flauta de madera. Se trataba de un muchacho, pues no aparentaba más de veinticinco años, aunque su cabello rubio ya estaba a medio encanecer, esbelto y de mediana altura. Sus ojos grises, cerrados mientras tocaba su música, mostraban una sabiduría impropia de su edad, y más de un marinero se había encontrado tratando de escrutar sus profundidades sin descubrir nada nuevo. Pero la joven no se fijó en sus ojos, pues cuando dejó de observar el barco y se concentró en el marinero su mirada se quedó fija en las manos que, suaves y ágiles, se movían sobre la flauta creando un sonido límpido que atravesaba el aire neblinoso del puerto.

Durante un largo rato la joven se quedó allí quieta, observando el barco y escuchando la música de la flauta, imaginándose lo que sería navegar en ese barco por todos los lugares del mundo que podía imaginar. Se sorprendió de pronto cuando escuchó la suave voz del marinero que le preguntaba:
- ¿Puedo serle de alguna ayuda? Veo que lleva ya un buen rato ahí quieta, y como no lleva ropa de mucho abrigo debo decir que me encuentro un poco preocupado por su salud.
- No, gracias, no pasa nada. Sólo estaba admirando el barco... La verdad es que es una embarcación preciosa. ¿Es usted el capitán?
- Capitán y tripulación. - contestó el marinero - Soy el único que navega en este barco, pues sólo admite un pasajero.
- ¿Sólo un pasajero? ¿Y se puede manejar usted sólo en un barco de este tamaño?
- Así es. Y es que resulta que este barco es mágico. - Y con esto, el marinero continuó tocando su flauta.

21 de julio de 2008

El Bergantín II

Nada hubiera cambiado en la vida de esta joven si no fuese por un suceso extraordinario, una curiosa casualidad. La noche antes de la luna llena, mientras observaba el relucir de su luz sobre el mar, surgió de entre los jirones de niebla un destello plateado, que se tornó en las velas de un barco. Brillaban tanto a la luz de la luna que desde la habitación de la joven parecía que hubiera dos lunas en el mar: el reflejo de la del firmamento y las velas del barco. La joven se sintió tan sorprendida por la pureza del color que decidió, en contra de lo esperado, ir a visitar ese barco.

"¿Mas cómo haré para encontrarlo mañana?" se preguntó. "Desconozco donde va a atracar, y tampoco sé nada sobre el barco que me permita encontrarlo preguntando a los marineros." Lo único que se la ocurría era aprovechar el brillo de las velas a la luz de la luna e ir a buscarlo esa misma noche, pero para ello tendría que salir de la casa en ese momento, contraviniendo las órdenes de sus tías. Estuvo dudando durante un largo rato, y finalmente se decidió por salir esa noche. Sigilosamente, tratando de evitar cualquier sonido que pudiese despertar a sus tías, la joven salió de la casa y de dirigió al puerto.

Durante el camino hacia el puerto la joven no pensó en si hacía lo correcto. Sólo pensaba en el color plata de las velas, y en cómo habría de ser el barco que llevase esas velas. Tan ensimismada iba, que no prestaba atención a las personas con las que se cruzaba, evitando así casi de milagro a los maleantes que a esas horas paseaban por la calle.

Llegó finalmente al puerto, pero el brillo plateado no se veía ya. Temía haber hecho el viaje en vano cuando escuchó, o creyó escuchar, el dulce sonido de una flauta silbando una agradable melodía. Sabía que ninguno de los marineros que habitaban en el pueblo tocaba instrumento alguno aparte de quizás el acordeón, por lo que supuso que el sonido provendría del barco recién llegado, así que comenzó a caminar siguiendo el sonido de la música.

15 de julio de 2008

El Bergantín I

Hace ya bastante tiempo que esta historia sucedió. A mi me la contó mi abuela cuando era aún un niño pequeño, y a ella se la contó la suya cuando ella tenía sólo ocho años. Puedo suponer que a mi tatarabuela se la contó su abuela, y así durante varias generaciones, pero eso es algo que ya no se puede saber. Lo único que puedo hacer es contarla tal y como me la contaron a mi.

Érase una vez, en un pequeño pueblo de la costa de Inglaterra, que vivía una bella joven. Todos los habitantes del lugar coincidían en que su belleza no tenía rival en el pueblo y admiraban su tez blanca enmarcada por unos cabellos largos y ondulados, que aún siendo morenos relucían bajo la luz del sol como si fueran rubios. Su cristalina voz lograba acallar cualquier conversación que hubiera para que se la escuchase mejor, y su dulce carácter había logrado aplacar los posibles celos que otras jóvenes tuvieran.

Sin embargo, eran sus ojos de color azabache los que más atraían a los hombres, pues aunque hubiese una sonrisa en sus labios sus ojos mostraban una tristeza sin igual. Se debía esta tristeza al hecho de encontrarse casi completamente aislada del resto del pueblo. Desde que murieran sus padres, había estado viviendo con sus dos tías, y estas la protegían en exceso de los peligros que la pudieran acechar. No podía salir a la calle excepto para hacer algún recado, y solían acompañarla en los paseos que daba por el parque. Evitaban que los hombres pudieran estar a solas con ella, y no aprobaban que trabara amistad con otras chicas del pueblo, pues decían que eran una mala influencia.

El único refugio que tenía de la rígida vida que llevaba era su imaginación y la ventana de su cuarto. Recordaba algunas de las historias que su padre le contaba cuando era más pequeña, y soñaba con viajar a aquellos lejanos lugares que su padre había mencionado. Todas las noches, se quedaba observando el puerto desde su ventana, e imaginaba los lugares que aquellos barcos habrían visitado y las cosas que sus marineros habrían visto, y deseaba algún día poder viajar a esos sitios. Sin embargo, el nuevo día le recordaba sus obligaciones y las órdenes de sus tías, y sus esperanzas se desvanecían con la luz de la luna.

28 de junio de 2008

Un anuncio del Juglar

Acercaos, acercaos, mis jóvenes oyentes, pues lo que os voy a contar no es fácil que lo escucheis de nuevo en mucho tiempo. Habeís de saber que vuestro humilde servidor, este simple cuentacuentos, ha decidido por fin comenzar a relatar las aventuras de una particular nao.
Mas no os impacienteis por escuchar este relato, pues todavía debe pasar una dura prueba este pequeño cuento. Pues debeis de saber que una gran entusiasta de los cuentos, aquella que en sus inicios decidió solicitar la particular historia que podreis leer aquí, debe leer de primera mano las palabras que mi mente ha hilado y tejido para formar la historia.
Y únicamente tras su aprobación, después de leido y aceptado por la solicitante, sólamente entonces aparecerán mis humildes e inmerecidas palabras en este lugar, para que vosotros, queridos lectores y oyentes, podais disfrutar de ellas.

Os pido un poco de calma, pues mucho no ha de faltar, y tampoco espereis una obra de gran calidad, pues es este pobre cuentacuentos el que dicha historia ha ideado y transcrito a este medio. Espero que os llegue a agradar, y que disfruteis de ella tanto como yo he disfrutado escribiendola.

11 de mayo de 2008

Once upon a time...

Yes, of course, how could you even doubt it? If you go and tell me that you don't read the entries in english, then I'll make sure that the next one has to do with precisely the topic that you wish to learn more about. So read on...

I've continued writing a bit of the tale on the internet. Considering that one of the backups I had is lost, I am risking most of the work right now, but I guess Google Docs is safe enough for this matter. So I write a bit today, decide to count words and voilá, I suddenly realize I've written more than four thousand words, slightly a thousand more than the words written in my previous work of fiction (The Scribe, available in this very same blog), which means this is the longest I've ever written. And I haven't finished yet, so that it will end up being even more.

Now, I happen to find myself with a small conundrum. How should I divide the story to send it to Milady, if I'm the Jester? I could easily send a hundred words each time, which would enable me to keep up to date with the story. I can write one hundred words without problem every day. However, a hundred words are read extremely quickly, as these posts are usually over 200 words. So should I send a 500 word fragment? But that leaves me with only a backup for eight days, which could be a bit tight...
I wonder what I should do...

16 de abril de 2008

Profesión: Juglar

Esa ha sido la curiosa oferta que me han hecho. Que me invente o recuerde cuentos que alguna vez haya escuchado y que ahora no se encuentren en mi memoria, para mantener entretenida a una amiga. Sé que suena un poco raro, pero es una idea que me atrae mucho.
Plantearme el reto casi diario de, con un par de indicaciones por parte de la interesada, inventarme una historia (o cuento) de los que quizás se podrían haber contado en algún libro de los hermanos Grimm. Es un ejercicio de imaginación que tiene un gran atractivo, y el cual no me requiere un tiempo excesivo del resto de tareas... Me basta con reducir el numero de horas que le dedico a navegar por internet XD

Por ahora tengo mi primer encargo. Un cuento que incluya un barco con destino birmania, tripulado por un único marinero, y que el barco vaya impulsado por el viento lunar...
Ya se verá que sale de esta nueva situación en mi vida. Es posible que en un par de días ya no haya audiencia para los cuentos, o es posible que dentro de una semana tenga que crear una nueva categoría para estas historias. Sólo el tiempo lo dirá.

EDIT:
No me gusta modificar los posts una vez escritos, excepto si contienen errores garrafales o es necesaria alguna modificación visual. Por eso añado este pequeño extra.
He seguido hablando con mi amiga después de escribir el post, y durante la conversación han surgido algunos datos nuevos que yo no había considerado.
El primero es que los cuentos no van a empezar en breves, sino dentro de algún tiempo, aún por determinar.
El segundo es que, aparentemente, prefiere que el cuento se prolongue durante varias 'sesiones' (por llamarlas de alguna manera) y que el cuento vaya siendo modificado según lo que vaya ocurriendo... Un cuento vivo, fueron sus palabras.
Y el tercero es que prefiere que el cuento se lo cuente de palabra, lo cual me plantea un serio problema, pues es difícil contar un cuento durante mucho tiempo si uno no se ve tan a menudo...
Ya iré contando con un poco más de detalle en otro momento, si es que hay algún tipo de progreso en esta curiosa idea.