29 de noviembre de 2010

Darmstadt nevado (I)

Interrumpimos la programación habitual para ofrecerles unas pocas imágenes de como ha amanecido hoy la ciudad donde me encuentro actualmente estudiando.
Ya pondré alguna más cuando tenga un rato, y también acabaré el conjunto de entradas anterior (que sigue incompleto). Pero por el momento, disfrutad.

La vista desde mi ventana esta mañana.
Para comparar con la que puse hace un par de entradas.


El pequeño jardincito que hay a la entrada de la residencia.


Los árboles completamente nevados de camino al campus de Lichtwiese.
Siempre me llama la atención el curioso aspecto de las ramas cubiertas de nieve.


Aproveché un momento para meterme en el bosquecillo de Lichtwiese
y hacer una composición de seis fotos del aspecto que tenía.


25 de noviembre de 2010

Mes y Medio en Darmstadt (y III)

El primer fin de semana tras la visita a Frankfurt, la oficina internacional organizó un viaje al Rin para todos aquellos estudiantes que habíamos venido de Erasmus, que duraría todo el fin de semana. Así, el sábado por la mañana nos reunimos en la estación de Darmstadt, para coger un par de trenes regionales hasta Rüdesheim.

El pueblo de Rüdesheim con su Schloss, con el Rin a mi espalda.

Rüdesheim es un pueblecito pequeño a la orilla del Rin, que representa el arquetipo de pueblecito alemán. Casas antiguas, con las vigas marrones que quedan a la vista, decoradas de formas sorprendentes para que cualquiera que pasee por la calle se pueda maravillar con ellas; múltiples pequeños restaurantes, con las puertas abiertas, en los cuales uno se puede sentar un momento a tomar una cerveza o una salchicha con patatas; y callecitas pequeñas que dan todas al río.
Después de dejarnos un rato para que nos pasearamos por el pueblo, comenzamos el ascenso al monte, donde hay un enorme monumento en recuerdo de la unificación de Alemania en 1871. Aunque la estatua es, sin duda, impresionante, lo más llamativo para mi fueron las vistas que se podían disfrutar desde el mismo.

Vista del Rin desde el Niederwalddenkmal.

Después del Niederwalddenkmal continuamos andando hasta el albergue donde pasaríamos la noche. Con unas vistas casi idénticas a las del monumento, es sin duda un lugar estupendo donde pasar la noche. Sobre todo si la organización de la excursion ha llevado más de 100 botellas de vino para organizar una pequeña cata, y después hay preparada una discoteca en el sótano del albergue. Tras unas buenas risas, y conocer a un buen grupo de gente, acabé retirándome a dormir bastante temprano (las 2 de la madrugada) en previsión del madrugón que tocaría al día siguiente.

Y efectivamente, sobre las 7 de la mañana ya nos estaban despertando, pues había que desayunar, limpiar las habitaciones, y bajar al pueblo de nuevo para coger un barco que nos llevaría al siguiente destino. Por supuesto, el barco no era únicamente el medio de transporte elegido, sino que al mismo tiempo nos permitía ver los múltiples castillos que pueblan las orillas del rio. Había hasta una torre en el centro del río, que antiguamente servía para cobrar peaje a aquellos barcos que deseaban navegar por este tramo del Rin.

Uno de los muchos castillos que pueblan las orillas del Rin.

Finalmente llegamos a nuestro destino: la Roca de Lorelei. Cuenta la leyenda que en esta parte del río habitaba una sirena, que con sus cantos lograba distraer a los marineros para que se estrellasen en el brusco recodo que hace en este punto. Al final, desconozco si en algún momento pudo haber algo similar a una sirena que hubiera podido inspirar las canciones, pero lo cierto es que el lugar se ha convertido en un lugar turístico que merece la pena.

Estatua de Lorelei a la orilla del Rin. Poco después comenzaba la escalera de subida.

Aunque hay que subir una larga y tediosa escalera para llegar hasta la cima de la roca, las vistas merecen la pena nuevamente. Y por suerte para nosotros, justo tras acabar la escalada nos esperaba la comida, con lo que pudimos sentarnos tranquilamente, y comer y charlar hasta que recuperamos el aliento. Después, y tras una corta pero deliciosa siesta tumbados en la hierba, comenzamos la bajada, para dirigirnos finalmente a la estación y volver a Darmstadt.

Vista desde lo alto de la Roca de Lorelei.
Al fondo, en la ladera, uno de los múltiples castillos del Rin.

21 de noviembre de 2010

Mes y Medio en Darmstadt (II)

Por supuesto, llegar aquí no iba a ser precisamente algo sencillo tan sencillo como me imaginaba. Como no podía ser de otra manera, el vuelo que tenía que coger para ir hasta Frankfurt tuvo los temidos "problemas técnicos", de forma que lo que iba a ser un corto vuelo se convirtió en una eterna espera en el aeropuerto de Barajas, mientras la compañía intentaba conseguir un nuevo avión que pudiera volar. Al final, tras más de cinco horas sin saber si el vuelo se cancelaba o no, tuvimos suerte y pude llegar a Darmstadt ese mismo día.

Había aprovechado para venir a Darmstadt unos días antes de mi llegada oficial. Eso me permitió, por un lado, ir conociendo la ciudad y la universidad donde iba a pasar los próximos meses, y por el otro irme haciendo la idea del papeleo que me iba a tocar hacer en breves. Porque obviamente, mi llegada a Darmstadt no significó que se hubiese acabado el papeleo, sino todo lo contrario. Mientras que en Madrid para hacer el papeleo había tenido plazos relativamente amplios, aquí todo tenía que hacerse en extremadamente poco tiempo.

Composición de la vista desde mis ventanas.

Contrato de alquiler, contrato de internet, registro en la universidad, pedir la tarjeta de cafetería, registrarme en el ayuntamiento como habitante de la ciudad, abrir una cuenta bancaria, decidir que asignaturas quiero estudiar este primer semestre (y a ser posible, decidir también las del segundo semestre), familiarizarme con el sistema de automatrícula que (para mi absoluto gozo y disfrute) se implementaba por vez primera este semestre y simplemente no toleraba la cantidad de conexiones exigidas (eso si, lamento decir que el sistema de automatrícula de Teleco de la UPM sigue a la cabeza en el ranking de "Razones por las que buscar a alguien para matarlo"), enviar a Madrid la confirmación de que me he matriculado en la universidad en vez de fugarme con la beca...

Colección de papeles acumulados los primeros días.
En el mapa, en rojo está mi residencia, y en azul donde tengo las clases.


Obviamente los primeros días estuve más que ocupado con las tareas que tenía. Por suerte podíamos quitar las clases de entre dichas obligaciones, ya que aquí no comienzan hasta el día 18 de Octubre. También estuve ocupado con otros asuntos más divertidos, como las excursiones para Erasmsus. Porque efectivamente, resulta que para dar la bienvenida a los novatillos extranjeros que acaban de llegar y no conocen a nadie, se organizan una serie de viajes y escapadas para que la gente entable relación.

Así, primero tuvimos una visita a la ciudad de Frankfurt. Un paseo a pie por la ciudad, viendo algunas de las zonas más emblemáticas que ofrece, como el centro financiero con sus enormes rascacielos, el casco antiguo reconstruido en su mayor parte, la catedral, la estación...

El centro antiguo de Franfurt, totalmente reconstruido tras la guerra, aunque no lo parezca.

Después del paseo, nos montaron en un tranvía diseñado para darse a la bebida. Puesto que la ciudad es famosa por su vino de manzana, o Ebbelwei en el dialecto local, para los turistas y grupos de Erasmus existe la posibilidad de montarse en un tranvía con el que se recorre la ciudad, mientras que se aprovecha para degustar la bebida local. Si además se tiene un poco de suerte y uno de los organizadores tiene la presencia como para traer música y evitar el tradicional hilo musical, lo que se obtiene es una fiesta sobre railes.

El famoso Ebbelwei Expreß. Como se puede comprobar, no tiene pérdida.

Fue muy llamativo ver a la gente bailando la Macarena en medio de un vagón de tranvía.

Después de la visita a Frankfurt, de vuelta a Darmstadt para seguir con el papeleo. Pero ya no faltaba casi nada para las dos excursiones de fin de semana completo que tenían organizadas.

16 de noviembre de 2010

Mes y Medio en Darmstadt (I)

Ya han pasado aproximadamente 46 días desde que aterricé en Darmstadt, y creo que sólo ahora empiezo a hacerme a la idea de pasar al menos otros 16 meses en esta ciudad. Quizás sea por eso que he ido posponiendo escribir la entrada correspondiente al tiempo que llevo en Darmstadt, como una discreta y ligera rebelión contra mi decisión de estudiar aquí el último curso de la carrera.
Pero vayamos por partes.

Todo comenzó hace mucho tiempo, demasiado tiempo para recordar los detalles. Desde que empecé la carrera sabía que quería irme de Erasmus, que era una oportunidad que no debería desaprovechar. Pero como tantas otras cosas, el proyecto de informarme para saber lo que tendría que hacer se fue posponiendo. Hasta que varios amigos decidieron que ellos se iban a hacer el último curso fuera, para obtener la Doble Titulación. Hasta aquel momento no soy consciente de haber oido hablar sobre esa posibilidad, pero recuerdo que cuando me enteré que la posibilidad existía, decidí que era la mejor opción que podía elegir para mi Erasmus. Cierto, era más tiempo del que inicialmente pensaba que duraría mi Erasmus (un mínimo de año y medio, precisamente), pero pensaba que las oportunidades que daba bien merecían ese tiempo extra.

Claro que en mi caso el principal inconveniente no era precisamente que el tiempo que fuese a estar fuera me pudiese echar para atrás, sino mi temor a que mi expediente académico no me permitiese cumplir los objetivos. Reconozcámoslo, no soy precisamente un estudiante modelo, y la principal condición para realizar la doble titulación era tener el primer ciclo completo aprobado. A pesar de ello, decidí que tenía que intentarlo, así que empecé a rellenar las solicitudes, formularios, y a hacer un montón de papeleo que creí no llegaría a terminar nunca. Entre todo ello, estaba la decisión más importante de todas... A donde diablos me quiero ir?

El aspecto clave de la decisión era muy sencillo: tenía que dominar el idioma. Por mucho que en varios paises las clases fueran siempre en inglés, no me apetecía tener que depender en el día a día de que el dependiente de turno hubiese prestado atención en el colegio. Así que los paises de destino se reducían a sólo tres: Inglaterra, Estados Unidos, y Alemania. El siguiente punto, que existiese un acuerdo de Doble Titulación, pues resulta que no se puede hacer así como así, me obligaba a elegir ya entre tres ciudades: Chicago, Darmstadt, o Stuttgart. Puesto que la asignación se hace de mejor expediente a peor (y recordemos que el mío no es precisamente sobresaliente), habría que olvidarse de Chicago, pues lo codiciaba mucha gente. Y entre Stuttgart o Darmstadt... ganaba sin duda alguna Darmstadt, pues tiene una universidad de renombre en el campo de la ingeniería, era medio año menos de estancia obligatoria que Stuttgart, y principalmente podía aprovechar la inestimable experiencia y compañía de mi amigo Adrovsky, que también había elegido dicha ciudad para hacer su Erasmus el año anterior.

Para mi sorpresa, me otorgaron la plaza, así que de repente todo dejó de ser una simple posibilidad para convertirse en una certeza inevitable. Y casi sin darme cuenta, el tiempo pasó, se acabó el verano, y me encontré haciendo la maleta para irme a estudiar al extranjero. Y así llegamos a Darmstadt... pero eso, para tocar un poco las narices, lo dejo para la próxima entrada.