Las gotas de lluvia caen continuamente, sin pausa, retumbando sobre el suelo. Una cortina de agua impide ver claramente más allá de un par de metros, mientras que los ríos en los que se han convertido las calles dificultan el caminar. No se ve a más gente en la calle, excepto algún rezagado que se apresura pegado a las paredes de piedra de las casas cercanas. Ni siquiera los animales se permiten dar un paseo bajo esta lluvia torrencial.
Solo yo camino bajo la lluvia. No por placer, aunque la costumbre ha logrado que no me moleste tanto como al principio. Por trabajo. Hay que patrullar las calles, todas y cada una de las noches, y hoy me ha tocado a mi. Aunque tengo que agradecerte tu compañia. No hay muchas personas que aguanten este tiempo.
Es curioso. Los familiares edificios adquieren unos tintes siniestros, tenebrosos, debido al efecto de la lluvia. Se desdibujan los contornos, de forma que solo los adornos más llamativos, aquellos que se separan de la silueta de la construcción, son visibles a cierta distancia. Mira ese de ahí, creo recordar que es la mansión de Lord Estrange. Las gárgolas del tejado no se distinguen, solo se ven unas manchas que sobresalen de la fachada, deformándola. Y los árboles del jardin aparentan ser brazos que se alzan hacia el cielo, tratando de agarrar las nubes.
Si, realmente me parece surrealista como se altera el paisaje bajo esta lluvia.
Ya te vas? Claro, el fuego de la taberna. Ya te decía que no hay muchos que aguanten. La tentación de un fuego ardiendo en el hogar es muy grande. No, no te preocupes. Ya he patrullado solo otras noches como esta. Entra, y descansa. Estarás empapado hasta los huesos, así que entra a secarte.
Yo seguiré paseando por estas calles. Bajo la lluvia.
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