26 de marzo de 2011

El caso de los Fusilli

La siguiente historia es una novelización ficcional de algunos hechos reales acaecidos hace poco. La información de las personas involucradas en estos hechos ha sido alterada para otorgar un mínimo de anonimidad a los afectados. El resto de los detalles de la historia pueden considerarse fieles a la realidad.


Al salir del coche pisé un charco. Puede parecer algo bastante trivial, pero lo cierto es que he comprobado que el primer paso al llegar a una escena del crímen suele servir como indicación del tipo de investigación que tendré que llevar a cabo. Y esta prometía ser fastidiosa.
Me abrí paso entre los curiosos que, a pesar de la ligera lluvia, se agolpaban a la entrada del edificio intentando ver algo del interior. Daba igual que el escenario principal no fuese visible desde el exterior, bastaba con la presencia del cordón policial para que los transeuntes y vecinos se acercasen, esperando vislumbrar algo que les aclarase lo sucedido. O simplemente se veían atraidos por el morbo que les proporcionaba el saber que a poca distancia de sus monótonas vidas, había un cuerpo en descomposición. Lo cierto es que, tras unos cuantos años trabajando en la división de crímenes nutricionales, uno descubría el lado más oscuro de la gente. Y por desgracia no sólo de los culpables.
- Inspector E. L. Drizard, C.N. - me identifiqué ante el agente que vigilaba el cordón.
- Adelante inspector. - contestó mientras me franqueaba el paso. - Pero le advierto que la escena no es nada agradable.
Iba a replicar que nunca lo eran, pero el tinte verdoso en las caras de algunos agentes que salían del edificio me indicó que, en este caso, la advertencia estaba justificada. Firmé el registro a la entrada del edificio, y un agente me señaló la entrada a la zona común del edificio. Entré con cuidado de no molestar a los agentes de la científica que tomaban fotos y muestras de la escena, y me acerqué al forense que examinaba el cuerpo.
- Hola Jan. - saludé. - ¿Qué tenemos?
- Buenas Eugenio. Pues nada del otro mundo, aunque en este caso la situación ha llegado a empeorar hasta límites que nunca había visto.
- ¿Algo más específico, si puede ser? Tengo que ir a interrogar a los sospechosos en breve, y prefiero ir con algo de idea.
- Vale, de acuerdo. Se trata de un P.A.M., ya sabes, Pasta Abandonada Mohosa. Originalmente del subtipo Fusilli. Lo único es que, dado el grado de descomposición del cuerpo, diría que lleva aquí más de un mes como poco.
- ¿Un mes? ¿En la zona común? ¿Y nadie se quejó del olor?
- Eso sería lo lógico en circunstancias normales. En este caso, sin embargo, el cuerpo había sido encerrado en una olla, con su correspondiente tapa. Y aunque no cierra herméticamente, lo cierto es que logró ocultar bastante bien los olores que emanan de los restos.
- Entiendo. Olla tapada, nadie sabe cuanto tiempo lleva allí, de repente alguien la abre y se lleva la sorpresa más desagradable que se pueda imaginar.
- Si... excepto que en este caso la tapadera de la olla es transparente.
- ¿Transparente?
- Si.
Jan no tenía que decir nada más. Ese detalle implicaba que todos los sospechosos eran conscientes del estado del cuerpo, pero ninguno reaccionó antes de nuestra intervención. Así que lamentablemente esta investigación no iba a consistir en descubrir quién sabía lo que había en la olla, sino descubrir al responsable de abandonar cruelmente a un grupo de fusilli a su suerte, y disfrutar viendo su agonía durante las últimas semanas. Lo dicho, la investigación prometía ser fastidiosa.


Pedí una lista de los residentes, y mientras esperaba examiné la zona común. El centro estaba dominado por una amplia zona, perfectamente organizada para la preparación de comidas y alimentos variados. En la parte posterior de dicha zona, se encontraba la olla que contenía el cuerpo. Alguien había tenido la agradecida idea de taparla con un trapo, para evitar la macabra vista que se ofrecía a través de la tapadera transparente. Sólo cuando uno se acercaba lo suficiente a la olla se podía percibir un ligero olor a descomposición. Jan tenía razón. Aunque la tapa no había evitado un rápido deterioro del cuerpo, había evitado que el olor permease toda la zona común, lo que explicaba el retardo en solicitar nuestra presencia. Sin embargo, era obvio por la organización de la sala que todo aquel que utilizase la zona común había visto la olla. Y por lo tanto nadie podría argüir su desconocimiento sobre lo que sucedía en el área común. A la derecha, un cuarto con múltiples estantes, en los que se agolpaban múltiples productos nutricionales. Un vistazo rápido me confirmó que había varias infracciones de Caducidad Excedida, pero el P.A.M. tenía prioridad en esta situación. Advertí a un agente que tomase nota de la situación de los productos, con la intención de evitar que los C.E. degenrasen en incidentes de mayor gravedad, y proseguí mi investigación de la zona. Sobre una mesa, un sobre de té olvidado junto a un termo vacío. Horno, microondas, frigorífico, radio... nada fuera de lo normal. Un conjunto de estanterías al otro lado albergaban varios compoentes nutricionales más, y me extrañó verlos tan separados del resto del conjunto. ¿Quizás uno de los sospechosos trataba de evitar robos, manteniendo sus productos separados? ¿Serían de uso común? Tomé nota del detalle, pero tampoco creía que pudiera servir de mucho saber las circunstancias exactas de dicha separación de estantes. Tras más de un mes, el contenido de todos los estantes podía haber cambiado por completo, así que cualquier posible conclusión extraída sobre su contenido sería puramente circunstancial.
Recibí la lista con los nombres. Cinco inquilinos en las dos plantas, cuatro apartamentos de seis ocupados. Al menos se reducía el tiempo que tendría que dedicar a entrevistar a los sospechosos. Uno de los nombres me llamó la atención: Alan D. Choir. Se trataba de un viejo amigo mio. Nunca pensé que le encontraría durante una investigación oficial. Tendría que dejar su entrevista para el final, no fuera a ser que su testimonio influenciase mi opinión sobre el resto de los sospechosos. Comencé a subir las escaleras, preparándome mentalmente para las entrevistas.

Primera planta, apartamento B. Inquilino: Farani H. Limbec.
- Sr. Limbec, soy el inspector Drizard. Estoy aquí para investigar la situación que se ha desarrollado en su zona común.
- Hola buenas. ¿Quiere tomar algo?
- Dadas las circunstancias, prefiero ir al grano y evitar molestarles en exceso. ¿Le importa si le hago algunas preguntas?
- No, claro que no. Pregunte lo que quiera.
- ¿Qué me puede decir sobre la olla en la que se encontró el cuerpo?
- No mucho. Es una olla común, la utilizamos todos los del edificio. Hay varias más que solemos utilizar todos, de distintos tamaños. Pero esa es la más grande.
- Entiendo. ¿Cuando se percató de la presencia de la olla?
- Debo decir que no lo sé seguro. Recuerdo que un día le pregunté al Sr. Choir si sabía de quien era, pero no fue capaz de contestarme. Desconozco si trataba de escurrir el bulto.
- Ajá.
- Y luego... dado el estado del cuerpo, puesto que no era responsable, traté de ignorarlo. Pensé que la conciencia del responsable le haría recogerlo, aunque visto lo visto...
- Comprendo. ¿Puede decirme que tipo de pasta consume, Sr. Limbec?
- Principalmente macarrones y espaguetis, pero alguna vez he tomado raviolis rellenos.
- Vale, muchas gracias. Ahora subirá un agente para tomarle declaración formal.

Primera planta, apartamento C. Inquilinos: Liche E. Fulham y su pareja, Dahlía Err.
- Sr. Fulham, Sra. Err, soy el inspector E. L. Drizard. Quería hacerles algunas preguntas sobre lo acaecido en la zona común.
- Por supuesto. Estamos los dos a su entera disposición.
- Gracias. ¿Que me puede decir sobre la olla, Sra. Err?
- Nada importante. Es una de las ollas comunes que tenemos, hay otra que es casi idéntica, y ambas comparten tapa. No nos extraño verla allí.
- ¿No les llamó la atención que llevase allí cierto tiempo?
- No en particular. Nosotros hemos cocinado más de una vez grandes cantidades, y hemos guardado las sobras en la olla hasta la semana que viene, para no tener que cocinar tanto.
- Ya. ¿Pero esta vez no fueron ustedes?
- No, claro que no! Nosotros solemos hacer espaguetis, si es que hacemos pasta. Y habitualmente utilizamos la olla de flores cuando vamos a dejar la comida un cierto tiempo. Es como una pequeña señal, para que los demás inquilinos sepan que es nuestra comida.
- Comprendo Sr. Fulham. Y sin embargo comprenderán que, si habitualmente dejan comida durante algunos días en la zona común...
- Si, sabemos que podemos parecer sospechosos. Pero cuando dejamos comida son platos elaborados, que requieren un cierto tiempo! No dejamos simplemente la pasta recién cocida, sin más!
- Entiendo, y disculpen la insinuación. Pediré a un agente que les tome la declaración formal.

Segunda planta, apartamento C. Inquilino: Threaper Bentsh.
- Sr. Bentsh, soy el inspector Drizard. Estoy investigando lo que ha sucedido en el edificio, y querría hacerle algunas preguntas.
- Encantado. ¿Le apetece tomar un té?
- Dadas las circunstancias, prefiero ir al grano. ¿Que me puede decir sobre la olla?
- No mucho, es una olla de la zona común, la hemos utilizado todos en algún momento.
- Vale. ¿Cuando se percató de la presencia de la olla, Sr. Bentsh?
- Bastante al principio. Recuerdo que le puse la tapa cuando todavía estaba... bueno, antes de que sucediese nada, ya me entiende. Pensé que evitaría que pudiesen entrar bichos.
- Interesante. ¿Así que la tapa la puso antes de que la situación empeorase?
- Si. Pensé que sería una buena idea. Y luego, cuando me volvía fijar... Entenderá que al no ser responsable, no pensaba arreglar el desaguisado de otros.
- Entiendo. ¿Podría decirme que tipo de pasta consume?
- ¿Tipo? La verdad es que cualquiera. Macarrones, fusilli, espaguetis, tallarines, caracoles, raviolis... Suelo alternar según lo que me apetezca.
- Comprendo. Muchas gracias por su tiempo. Podrá dar su declaración formal a un agente dentro de poco.

Segunda planta, apartamento A. Inquilino: Alan D. Choir.
- Buenas Alan.
- Eugenio! No pensé que te estuvieses encargando tu del caso. Pasa, pasa. ¿Quieres tomar algo?
- Oficialmente, no debería aceptar nada de un sospechoso.
- Así que... soy sospechoso.
- Sólo oficialmente, Alan. Sé perfectamente que nunca dejas comida de un día para otro si puedes evitarlo, debido a esto. De todos los sospechosos, eres el único cuyo caracter le debería excluir como posible culpable.
- Ya. Pero como no puedes demostrarlo, sigo siendo sospechoso en la lista oficial. ¿Eso quieres decir?
- Si. Y no sólo en la lista oficial, sino a ojos de los otros inquilinos. Excluirte sin pruebas sólo causaría problemas, por mucho que ambos sepamos que eres inocente. Así que... ¿Qué me puedes contar?
- Supongo que nada nuevo. La olla es común, y alguna vez la hemos usado todos. La vi por primera vez cuando estaba en perfecto estado, y ya me temí que algo así pudiera pasar. Por eso nunca dejo comida hecha para más adelante, y mucho menos fuera de la nevera.
- Ajá. ¿Y sobre los otros inquilinos? ¿Alguna sospecha?
- Bueno... Entenderás Eugenio que esto son sólo suposiciones mías. Pero la parejita es muy proclive a dejar comida hecha sobre los fogones durante varios días. Alguna vez les he visto tirar guisos de la olla directamente a la basura, porque llevaban ya demasiado tiempo.
- Me dijeron que en esos casos suelen utilizar una olla de flores...
- Es cierto que son los que más utilizan esa olla, pero les he visto utilizar todas. Eso si, lo cierto es que si han cocinado algo y empieza a tener mala pinta, lo suelen tirar ellos. No soy consciente de que llegue a estos extremos. Claro que suele ser Dahlia la que tira las cosas, si lo cocinó Liche sin que ella lo supiese, quizás por eso no lo tirase.
- ¿Y de los otros inquilinos?
- Pues no sé, la verdad. Farani me preguntó una vez si la olla era mía, un tiempo antes de que llegase al estado crítico actual. Me extrañaría que, si existiese la posibilidad de que fuese suya, hubiese preguntado al respecto. Claro que también puede ser muy listo, nunca se sabe... que se le olvidase y luego tratase de hacerse el inocente. Claro que para olvidos está Threaper. Más de una vez le he visto prepararse un té, calentando el agua, sacando la tetera... para que al cabo de dos horas siga todo preparado, sin que jamás se haya hecho el té. Pero al mismo tiempo, nunca le he visto olvidarse por completo de una comida que hubiese preparado.
- Ya. Pues que quieres que te diga, Alan. La verdad es que no me ayudas a llegar a ninguna conclusión... Sólo una pregunta más. ¿Porqué nadie se deshizo del cuerpo, aunque sólo fuese para evitar que nos involucrásemos nosotros?
- Eugenio... supongo que porque todos pensamos que el responsable es otra persona. Al principio, cuando todavía parecía estar bien, nadie iba a tirar la comida de otro. Y en cuanto empezó a estar mal, como la pareja ya ha dejado más de una vez las cosas en exceso, pues por hastío se les deja para que lo recojan. Y supongo que esta vez ellos piensan que, puesto que no es suyo y que nadie ha recogido nunca sus restos, que ellos no van a recoger lo de los otros. Lo habitual.
- Gracias Alan. Me temo que ahora tendré que decirle a un agente que suba, para tomarte una declaración más formal. Ya sabes, donde estabas cuando se coció la pasta, porqué no la tiraste, que confirmes o desmientas lo que hayan podido decir los otros que te involucre... Puro formalismo, ya que en el fondo las preguntas de importancia las he hecho yo, pero a veces se encuentra algo llamativo, alguna contradicción.
- De acuerdo. Espero que dentro de poco podais atrapar al responsable de esta atrocidad.

Me despedí de Alan sin decirle que lo mas probable era que el culpable nunca pagase por su crimen. Por mucho que yo tuviese una idea clara de quién era el responsable de un acto tan atroz, las pruebas nunca dejarían de ser circunstanciales, y simplemente con negar mis razonamientos se libaría de su castigo. Al salir a la calle, y ver el sol asomar entre las nubes, me pregunté por qué razón había acabado trabajando en un departamento tan poco agradecido. Uno en el que las víctimas suelen sufrir debido al olvido u orgullo de los culpables, siendo pocas las veces en las que hay verdadera malicia detras de los actos. En el que los culpables suelen escapar debido al anonimato de sus actos, y a que cuando interviene el departamento cualquier prueba concluyente ha desaparecido hace ya tiempo.
En la calle sólo quedaban un par de curiosos, discutiendo a cierta distancia del cordón. Probablemente vecinos, pensé mientras entraba en mi coche, ya que son los únicos que seguirían por la zona tras tanto tiempo sin que los agentes dijesen nada. Arranqué, y me dirigí de vuelta al departamento, a redactar mi informe.

2 comentarios:

Santiago dijo...

Genial la historia! :D

No se si te habrás inspirado o siquiera conocerás la historia de Martin Random, Jeb y la lasaña de mierda que le envié a adri. Pero te la envio por si no la conoces :)

http://www.wyseguys.com/blog/articles/shitty_roommate_1.aspx

Parmacenda dijo...

Adri me pasó la historia (sinceramente, a partir de la segunda página empieza a volverse traumatica... hubo algún momento en el que deseé no haber seguido leyendo... XD), pero la inspiración vino de referirme a la olla correspondiente como "cadaver" en una conversación.

Después de eso, me dediqué a pensar ideas sobre las novelas de detectives de serie B.

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