5 de abril de 2008

Sobre los discos duros

A veces, la vida es la que te proporciona cosas que contar. Otras veces las historias las buscas por tu propia cuenta, y a veces se obtiene algo interesante, y otras no.

Hoy había pensado en poner una historia corta de ficción. Una que escribí hace tiempo, mucho antes de empezar el blog. Personalmente creo que me quedó bien, pero creo que ya no podré obtener vuestras opiniones sobre ella. Pues ya no existe.

Estaba escrita en el ordenador, un pequeño archivo de texto llamado Las gotas de agua o algo por el estilo. Sin embargo, hace poco menos de un año mi ordenador portatil sucumbió ante algún hecho desconocido, y el disco duro se transformó en un bonito pisapapeles. Creo que ya no sirve para otra cosa, puesto que se ha vuelto absolutamente imposible acceder a él. Si se conecta como disco externo, el ordenador reconoce que se ha enchufado algo, pero es incapaz de trabajar con ello. Los programas de recuperación de datos reconocen que hay un disco duro, e incluso se permiten el lujo de empezar a leer el disco. Pero cuando te das cuenta que los cartelitos de error indicando los sectores dañados muestran numeros consecutivos, y que tras media hora siguen saliendo errores de daños irreparables, como que te rindes a la evidencia. Jamás podrás recuperar esos archivos.

Por desgracia eso implica que esa historia se ha perdido. Si no consigo recuperar el backup de ese disco (que, irónicamente, está en otro disco también dañado, pero menos) esos datos, y mi trabajo, se habrán perdido para siempre. Creo que lo único positivo de este asunto es que me ha permitido escribir un post en un día en el que no sabía que escribir...

No hay comentarios:

Publicar un comentario