19 de septiembre de 2008

El Bergantín IV

La joven se quedo callada, escuchando la música. Pero esta vez no estaba concentrada únicamente en la melodía, sino que pensaba en las palabras del marinero. "¿Un barco mágico?" se preguntaba, "¿Se cree que soy tonta? Eso no es posible, no existen cosas así... pero sin embargo está solo en el barco, y no parece haber nadie más..."

- Parece escéptica. - dijo el marinero tras interrumpir de nuevo su melodía. - ¿Es que quizás no me cree? - dijo mientras una sonrisa asomaba a sus labios.

La joven se ruborizó, descubierta en sus pensamientos, mas en vez de callar como había hecho tantas otras veces reunió valor y contestó.

- Pues la verdad es que no sé que pensar. Debe usted reconocer que lo que me cuenta es bastante increíble, y no tengo forma de saber si me está gastando una broma o no.

El marinero rió con fuerza. Tras unos instantes, en los que su risa fue lo único que se oía, el marinero replicó.

- Es cierto, no tiene forma de saberlo. Por cierto, puede usted tutearme si lo desea, aunque lamento decirle que no podré darle mi nombre. Sin embargo si puedo decirle que este barco es ciertamente mágico, aunque no exáctamente como quizás haya imaginado. He de suponer que, al decir que era mágico, ha pensado en esas historias sobre dragones y hechiceros, y en princesas atrapadas en altas torres. En ese caso no, no es mágico, pero sin embargo no es una embarcación normal.
- ¿Puedes explicarme por qué no es normal? Y también puedes tutearme, si asi lo deseas.
- Muchas gracias, señorita, y no preguntaré su nombre. Ah! - El marinero acalló con un gesto la réplica de la joven. - No sería justo que vos me diera su nombre, si yo no doy el mío. Además, puedo suponer que nadie sabe que estás aquí, y si supiera tu nombre me sería más dificil ocultar que estuviste aquí. - Sonrió de nuevo, y luego se reclinó en la hamaca. Jugueteaba con la flauta, tocando de vez en cuando unas pocas notas mientras pensaba qué decir.

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