Madre mía... Ya han sido tres los días que tenía algo que contar, pero por causas parcialmente ajenas a mi no he logrado ponerme a escribir. Es más, me dedico a escribir este texto cuando se supone que debo estar calculando ciertos circuitos...
Pero vayamos por partes.
El domingo estuve en el Museo Reina Sofía, junto con varios compañeros de Teleco, visitando la exposición Máquinas & Almas, una exposición temporal sobre arte digital y nuevos medios. Y aunque hubo alguna decepción en cuanto a la calidad de las obras expuestas (personalmente no considero que un robot, cuya expresión facial es equivalente a la de alguien que ha sufrido un ictus, cantando una canción sea una obra de arte electrónico), en conjunto la exposición fue inmejorable. Ver como en tiempo real se forma tu silueta por la rotación de una serie de círculos coloreados, u observar los efectos de un electroimán sobre un extraño líquido que era atraido por este, era razón suficiente para que la visita mereciera la pena. E ir además con los amigos, y disfrutar juntos de la visita, convierte esa exposición en algo inmejorable.
Después de la exposición temporal aprovechamos para echarle un vistazo a la exposición permanente del Reina Sofía, y aunque yo nunca haya tenido buen ojo para el arte moderno, hay que reconocer que había obras muy interesantes. Y por supuesto, ver el Guernica en vivo merece la pena.
Y el segundo hecho de esta pasada semana ha sido, para mi profunda desgracia, el inicio del laboratorio que da titulo a esta entrada. Aunque el enunciado de la práctica ya llevaba varios días a disposición del público, el ir por vez primera al laboratorio para ver como funciona la plaquita, y ver como todas tus esperanzas son cruelmente aplastadas es doloroso.
Vale, eso es una exageración. Lo cierto es que me estuve riendo ante la sucesión de estúpidos acontecimientos que se sucedieron en mi primera hora de laboratorio, a saber:
- Primero, resultó que nuestro pulsador, que tal y como su nombre indica, debía hacer algo al apretarlo, no funcionaba. Tras un buen rato mirando a ver que pasaba, tuvo que venir un profesor a explicarnos que no, que el pulsador hay que ponerlo de forma que al apretarlo se conecten las patillas opuestas, y no poner las patillas que ya están cortocircuitadas como si estuvieran separadas.
- Segundo, al arreglar la posición del pulsador sucedió que, debido al pequeño caos de cables que había en esa parte de la placa, se produjo lo que técnicamente se conoce como un cortocircuito entre masa y alimentación, y que vulgarmente se llama "Pero Qué Diablos Haces, Niño! No Hagas Un Puente En El Enchufe!". En resumen, que la fuente de alimentación del puesto dijo que estaba muy bien eso de decir que cinco voltios es lo mismo que cero voltios, pero que entonces ella se ponía en huelga. Y así fue.
- Una vez cambiado de puesto, se comprobó que el circuito integrado que debía oscilar regularmente con una frecuencia aproximada de 800 Hz... se había quemado en solidaridad con la fuente antes mencionada. Y al no haber repuestos, pues se acabó el trabajo, perdiendo a todos los efectos prácticos una clase del laboratorio.
Se entiende que mi estado de ánimo en lo referente a la placa no fuera precisamente optimista. La buena noticia es que hoy se han conseguido arreglar todos los problemas que aquejaban a la parte diseñada de la práctica... de forma que ya sólo queda diseñar y montar los apartados correspondientes a las próximas 10 semanas.
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