El resto del viaje no tuvo más contratiempos que afectasen a nuestro descanso. Playa y piscina fueron las dos constantes del viaje, de forma que todos los días pasamos un rato en alguna de las dos, cuando no en ambas. Luego, simplemente, nos divertíamos.
Un paseo por la playa de piedras al atardecer, para seguir paseando por las rocas hasta el mirador al anochecer; ver una pelicula apretados en un sofá, o jugar al Singstar como ya es habitual en nosotros; casi agotar las cartas del Tabú en varias partidas sucesivas, o jugar al Scrabble sufriendo porque no se puede colocar ninguna de las letras que se tienen en la mano... con cualquiera de estas actividades pasamos un rato estupendo.
Al igual que cuando se cocinaba entre todos, ya fuera una salsa boloñesa hecha con un filete de pollo cortado y tomate troceado, un puré de patata casero sin mantequilla, un arroz a la cubana o simplemente horneando unas pizzas precongeladas... todos ellos momentos inolvidables.
Un paseo por la playa de piedras al atardecer, para seguir paseando por las rocas hasta el mirador al anochecer; ver una pelicula apretados en un sofá, o jugar al Singstar como ya es habitual en nosotros; casi agotar las cartas del Tabú en varias partidas sucesivas, o jugar al Scrabble sufriendo porque no se puede colocar ninguna de las letras que se tienen en la mano... con cualquiera de estas actividades pasamos un rato estupendo.
Al igual que cuando se cocinaba entre todos, ya fuera una salsa boloñesa hecha con un filete de pollo cortado y tomate troceado, un puré de patata casero sin mantequilla, un arroz a la cubana o simplemente horneando unas pizzas precongeladas... todos ellos momentos inolvidables.
Por supuesto también aprovechamos para dar paseos por los lugares algo más turísticos de los que dispone Xàbia. El primero fue un paseo por Cala Blanca, entre las rocas y las dos calitas que tiene para bañarse. Aunque en nuestro caso fue un paseo al atardecer, así que en vez de baño nos tuvimos que conformar con ver el mar, y hacer fotos entre las rocas del borde.
Otro, y en mi opinión creo que el más bonito, fue el paseo al Portitxol. Desde la Creu del Portitxol dimos un paseo entre los árboles y demás vegetación de la zona hasta bajar a la playa del mismo nombre. No sólo las vistas del paseo son increibles, sino que poder pasar luego el resto de la tarde en una playa tan bonita como esa, y dar luego un paseo a la orilla del mar, hace que realmente merezca la pena tener que hacer el camino de vuelta, subiendo por la empinada cuesta cargado con las toallas y demás elementos playeros.
Un viaje simplemente estupendo. Más playa, acompañada de un flotador y un frisbee; una sesión de fotos nocturna en la piscina, seguida por una noche de música y canto, y el viaje llega a su fin. Seguramente falten cosas por contar, como la cámara de fotos voladora, o el nido de avispas en el balcón, pero no se puede tener todo.
Eso si, cuento con todos para poder repetirlo el verano que viene, con un extra de diversión y con mucho más entretenimiento. Que todavía quedan paseos por dar, y mucho que nadar.
Eso si, cuento con todos para poder repetirlo el verano que viene, con un extra de diversión y con mucho más entretenimiento. Que todavía quedan paseos por dar, y mucho que nadar.
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