Ya han pasado aproximadamente 46 días desde que aterricé en Darmstadt, y creo que sólo ahora empiezo a hacerme a la idea de pasar al menos otros 16 meses en esta ciudad. Quizás sea por eso que he ido posponiendo escribir la entrada correspondiente al tiempo que llevo en Darmstadt, como una discreta y ligera rebelión contra mi decisión de estudiar aquí el último curso de la carrera.
Pero vayamos por partes.
Todo comenzó hace mucho tiempo, demasiado tiempo para recordar los detalles. Desde que empecé la carrera sabía que quería irme de Erasmus, que era una oportunidad que no debería desaprovechar. Pero como tantas otras cosas, el proyecto de informarme para saber lo que tendría que hacer se fue posponiendo. Hasta que varios amigos decidieron que ellos se iban a hacer el último curso fuera, para obtener la Doble Titulación. Hasta aquel momento no soy consciente de haber oido hablar sobre esa posibilidad, pero recuerdo que cuando me enteré que la posibilidad existía, decidí que era la mejor opción que podía elegir para mi Erasmus. Cierto, era más tiempo del que inicialmente pensaba que duraría mi Erasmus (un mínimo de año y medio, precisamente), pero pensaba que las oportunidades que daba bien merecían ese tiempo extra.
Claro que en mi caso el principal inconveniente no era precisamente que el tiempo que fuese a estar fuera me pudiese echar para atrás, sino mi temor a que mi expediente académico no me permitiese cumplir los objetivos. Reconozcámoslo, no soy precisamente un estudiante modelo, y la principal condición para realizar la doble titulación era tener el primer ciclo completo aprobado. A pesar de ello, decidí que tenía que intentarlo, así que empecé a rellenar las solicitudes, formularios, y a hacer un montón de papeleo que creí no llegaría a terminar nunca. Entre todo ello, estaba la decisión más importante de todas... A donde diablos me quiero ir?
El aspecto clave de la decisión era muy sencillo: tenía que dominar el idioma. Por mucho que en varios paises las clases fueran siempre en inglés, no me apetecía tener que depender en el día a día de que el dependiente de turno hubiese prestado atención en el colegio. Así que los paises de destino se reducían a sólo tres: Inglaterra, Estados Unidos, y Alemania. El siguiente punto, que existiese un acuerdo de Doble Titulación, pues resulta que no se puede hacer así como así, me obligaba a elegir ya entre tres ciudades: Chicago, Darmstadt, o Stuttgart. Puesto que la asignación se hace de mejor expediente a peor (y recordemos que el mío no es precisamente sobresaliente), habría que olvidarse de Chicago, pues lo codiciaba mucha gente. Y entre Stuttgart o Darmstadt... ganaba sin duda alguna Darmstadt, pues tiene una universidad de renombre en el campo de la ingeniería, era medio año menos de estancia obligatoria que Stuttgart, y principalmente podía aprovechar la inestimable experiencia y compañía de mi amigo Adrovsky, que también había elegido dicha ciudad para hacer su Erasmus el año anterior.
Para mi sorpresa, me otorgaron la plaza, así que de repente todo dejó de ser una simple posibilidad para convertirse en una certeza inevitable. Y casi sin darme cuenta, el tiempo pasó, se acabó el verano, y me encontré haciendo la maleta para irme a estudiar al extranjero. Y así llegamos a Darmstadt... pero eso, para tocar un poco las narices, lo dejo para la próxima entrada.
2 comentarios:
VUELVEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
♪♫ A casa vuelve ♫♪
♪♫ Por Navidad... ♫♪
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