24 de abril de 2011
Darmstadt Nevado... o no (y II)
Esta entrada lleva mucho tiempo de retraso. Cuando escribí la primera entrada, pretendía esperar a la siguiente gran nevada para continuar hablando del tema. A fin de cuentas, me encuentro en Alemania, pais más frío que España y que tiene grandes posibilidades de sufrir unas buenas nevadas... lo cual me alegraba.
Me habían contado que tanto Enero como Febrero eran meses muy fríos, y tras haber visto la nieve que cayó ya en Noviembre, estaba convencido que una vez empezado el nuevo año tendría fotos y tema para hablar.
Resulta que me equivocaba.
Es cierto que ambos meses, tal y como me advirtieron, eran bastante frios. Sin embargo, la nieve brilló por su ausencia (exceptuando una corta tarde, que se pasó de visita rápida para abandonarnos a la mañana siguiente), y yo me quedé con las ganas de escribir una nueva entrada contando las maravillas y los rigores del invierno germano.
Así que nada, puesto que los hados se han confabulado para que no obtuviese la deseada nevada, y como no quiero dejar abierto el conjunto de entradas hasta el invierno próximo, os pongo un par de fotos que saqué al día siguiente de escribir la entrada original.
Espero que os agraden.
26 de marzo de 2011
El caso de los Fusilli
La siguiente historia es una novelización ficcional de algunos hechos reales acaecidos hace poco. La información de las personas involucradas en estos hechos ha sido alterada para otorgar un mínimo de anonimidad a los afectados. El resto de los detalles de la historia pueden considerarse fieles a la realidad.
Al salir del coche pisé un charco. Puede parecer algo bastante trivial, pero lo cierto es que he comprobado que el primer paso al llegar a una escena del crímen suele servir como indicación del tipo de investigación que tendré que llevar a cabo. Y esta prometía ser fastidiosa.
Me abrí paso entre los curiosos que, a pesar de la ligera lluvia, se agolpaban a la entrada del edificio intentando ver algo del interior. Daba igual que el escenario principal no fuese visible desde el exterior, bastaba con la presencia del cordón policial para que los transeuntes y vecinos se acercasen, esperando vislumbrar algo que les aclarase lo sucedido. O simplemente se veían atraidos por el morbo que les proporcionaba el saber que a poca distancia de sus monótonas vidas, había un cuerpo en descomposición. Lo cierto es que, tras unos cuantos años trabajando en la división de crímenes nutricionales, uno descubría el lado más oscuro de la gente. Y por desgracia no sólo de los culpables.
- Inspector E. L. Drizard, C.N. - me identifiqué ante el agente que vigilaba el cordón.
- Adelante inspector. - contestó mientras me franqueaba el paso. - Pero le advierto que la escena no es nada agradable.
Iba a replicar que nunca lo eran, pero el tinte verdoso en las caras de algunos agentes que salían del edificio me indicó que, en este caso, la advertencia estaba justificada. Firmé el registro a la entrada del edificio, y un agente me señaló la entrada a la zona común del edificio. Entré con cuidado de no molestar a los agentes de la científica que tomaban fotos y muestras de la escena, y me acerqué al forense que examinaba el cuerpo.
- Hola Jan. - saludé. - ¿Qué tenemos?
- Buenas Eugenio. Pues nada del otro mundo, aunque en este caso la situación ha llegado a empeorar hasta límites que nunca había visto.
- ¿Algo más específico, si puede ser? Tengo que ir a interrogar a los sospechosos en breve, y prefiero ir con algo de idea.
- Vale, de acuerdo. Se trata de un P.A.M., ya sabes, Pasta Abandonada Mohosa. Originalmente del subtipo Fusilli. Lo único es que, dado el grado de descomposición del cuerpo, diría que lleva aquí más de un mes como poco.
- ¿Un mes? ¿En la zona común? ¿Y nadie se quejó del olor?
- Eso sería lo lógico en circunstancias normales. En este caso, sin embargo, el cuerpo había sido encerrado en una olla, con su correspondiente tapa. Y aunque no cierra herméticamente, lo cierto es que logró ocultar bastante bien los olores que emanan de los restos.
- Entiendo. Olla tapada, nadie sabe cuanto tiempo lleva allí, de repente alguien la abre y se lleva la sorpresa más desagradable que se pueda imaginar.
- Si... excepto que en este caso la tapadera de la olla es transparente.
- ¿Transparente?
- Si.
Jan no tenía que decir nada más. Ese detalle implicaba que todos los sospechosos eran conscientes del estado del cuerpo, pero ninguno reaccionó antes de nuestra intervención. Así que lamentablemente esta investigación no iba a consistir en descubrir quién sabía lo que había en la olla, sino descubrir al responsable de abandonar cruelmente a un grupo de fusilli a su suerte, y disfrutar viendo su agonía durante las últimas semanas. Lo dicho, la investigación prometía ser fastidiosa.
Pedí una lista de los residentes, y mientras esperaba examiné la zona común. El centro estaba dominado por una amplia zona, perfectamente organizada para la preparación de comidas y alimentos variados. En la parte posterior de dicha zona, se encontraba la olla que contenía el cuerpo. Alguien había tenido la agradecida idea de taparla con un trapo, para evitar la macabra vista que se ofrecía a través de la tapadera transparente. Sólo cuando uno se acercaba lo suficiente a la olla se podía percibir un ligero olor a descomposición. Jan tenía razón. Aunque la tapa no había evitado un rápido deterioro del cuerpo, había evitado que el olor permease toda la zona común, lo que explicaba el retardo en solicitar nuestra presencia. Sin embargo, era obvio por la organización de la sala que todo aquel que utilizase la zona común había visto la olla. Y por lo tanto nadie podría argüir su desconocimiento sobre lo que sucedía en el área común. A la derecha, un cuarto con múltiples estantes, en los que se agolpaban múltiples productos nutricionales. Un vistazo rápido me confirmó que había varias infracciones de Caducidad Excedida, pero el P.A.M. tenía prioridad en esta situación. Advertí a un agente que tomase nota de la situación de los productos, con la intención de evitar que los C.E. degenrasen en incidentes de mayor gravedad, y proseguí mi investigación de la zona. Sobre una mesa, un sobre de té olvidado junto a un termo vacío. Horno, microondas, frigorífico, radio... nada fuera de lo normal. Un conjunto de estanterías al otro lado albergaban varios compoentes nutricionales más, y me extrañó verlos tan separados del resto del conjunto. ¿Quizás uno de los sospechosos trataba de evitar robos, manteniendo sus productos separados? ¿Serían de uso común? Tomé nota del detalle, pero tampoco creía que pudiera servir de mucho saber las circunstancias exactas de dicha separación de estantes. Tras más de un mes, el contenido de todos los estantes podía haber cambiado por completo, así que cualquier posible conclusión extraída sobre su contenido sería puramente circunstancial.
Recibí la lista con los nombres. Cinco inquilinos en las dos plantas, cuatro apartamentos de seis ocupados. Al menos se reducía el tiempo que tendría que dedicar a entrevistar a los sospechosos. Uno de los nombres me llamó la atención: Alan D. Choir. Se trataba de un viejo amigo mio. Nunca pensé que le encontraría durante una investigación oficial. Tendría que dejar su entrevista para el final, no fuera a ser que su testimonio influenciase mi opinión sobre el resto de los sospechosos. Comencé a subir las escaleras, preparándome mentalmente para las entrevistas.
Primera planta, apartamento B. Inquilino: Farani H. Limbec.
- Sr. Limbec, soy el inspector Drizard. Estoy aquí para investigar la situación que se ha desarrollado en su zona común.
- Hola buenas. ¿Quiere tomar algo?
- Dadas las circunstancias, prefiero ir al grano y evitar molestarles en exceso. ¿Le importa si le hago algunas preguntas?
- No, claro que no. Pregunte lo que quiera.
- ¿Qué me puede decir sobre la olla en la que se encontró el cuerpo?
- No mucho. Es una olla común, la utilizamos todos los del edificio. Hay varias más que solemos utilizar todos, de distintos tamaños. Pero esa es la más grande.
- Entiendo. ¿Cuando se percató de la presencia de la olla?
- Debo decir que no lo sé seguro. Recuerdo que un día le pregunté al Sr. Choir si sabía de quien era, pero no fue capaz de contestarme. Desconozco si trataba de escurrir el bulto.
- Ajá.
- Y luego... dado el estado del cuerpo, puesto que no era responsable, traté de ignorarlo. Pensé que la conciencia del responsable le haría recogerlo, aunque visto lo visto...
- Comprendo. ¿Puede decirme que tipo de pasta consume, Sr. Limbec?
- Principalmente macarrones y espaguetis, pero alguna vez he tomado raviolis rellenos.
- Vale, muchas gracias. Ahora subirá un agente para tomarle declaración formal.
Primera planta, apartamento C. Inquilinos: Liche E. Fulham y su pareja, Dahlía Err.
- Sr. Fulham, Sra. Err, soy el inspector E. L. Drizard. Quería hacerles algunas preguntas sobre lo acaecido en la zona común.
- Por supuesto. Estamos los dos a su entera disposición.
- Gracias. ¿Que me puede decir sobre la olla, Sra. Err?
- Nada importante. Es una de las ollas comunes que tenemos, hay otra que es casi idéntica, y ambas comparten tapa. No nos extraño verla allí.
- ¿No les llamó la atención que llevase allí cierto tiempo?
- No en particular. Nosotros hemos cocinado más de una vez grandes cantidades, y hemos guardado las sobras en la olla hasta la semana que viene, para no tener que cocinar tanto.
- Ya. ¿Pero esta vez no fueron ustedes?
- No, claro que no! Nosotros solemos hacer espaguetis, si es que hacemos pasta. Y habitualmente utilizamos la olla de flores cuando vamos a dejar la comida un cierto tiempo. Es como una pequeña señal, para que los demás inquilinos sepan que es nuestra comida.
- Comprendo Sr. Fulham. Y sin embargo comprenderán que, si habitualmente dejan comida durante algunos días en la zona común...
- Si, sabemos que podemos parecer sospechosos. Pero cuando dejamos comida son platos elaborados, que requieren un cierto tiempo! No dejamos simplemente la pasta recién cocida, sin más!
- Entiendo, y disculpen la insinuación. Pediré a un agente que les tome la declaración formal.
Segunda planta, apartamento C. Inquilino: Threaper Bentsh.
- Sr. Bentsh, soy el inspector Drizard. Estoy investigando lo que ha sucedido en el edificio, y querría hacerle algunas preguntas.
- Encantado. ¿Le apetece tomar un té?
- Dadas las circunstancias, prefiero ir al grano. ¿Que me puede decir sobre la olla?
- No mucho, es una olla de la zona común, la hemos utilizado todos en algún momento.
- Vale. ¿Cuando se percató de la presencia de la olla, Sr. Bentsh?
- Bastante al principio. Recuerdo que le puse la tapa cuando todavía estaba... bueno, antes de que sucediese nada, ya me entiende. Pensé que evitaría que pudiesen entrar bichos.
- Interesante. ¿Así que la tapa la puso antes de que la situación empeorase?
- Si. Pensé que sería una buena idea. Y luego, cuando me volvía fijar... Entenderá que al no ser responsable, no pensaba arreglar el desaguisado de otros.
- Entiendo. ¿Podría decirme que tipo de pasta consume?
- ¿Tipo? La verdad es que cualquiera. Macarrones, fusilli, espaguetis, tallarines, caracoles, raviolis... Suelo alternar según lo que me apetezca.
- Comprendo. Muchas gracias por su tiempo. Podrá dar su declaración formal a un agente dentro de poco.
Segunda planta, apartamento A. Inquilino: Alan D. Choir.
- Buenas Alan.
- Eugenio! No pensé que te estuvieses encargando tu del caso. Pasa, pasa. ¿Quieres tomar algo?
- Oficialmente, no debería aceptar nada de un sospechoso.
- Así que... soy sospechoso.
- Sólo oficialmente, Alan. Sé perfectamente que nunca dejas comida de un día para otro si puedes evitarlo, debido a esto. De todos los sospechosos, eres el único cuyo caracter le debería excluir como posible culpable.
- Ya. Pero como no puedes demostrarlo, sigo siendo sospechoso en la lista oficial. ¿Eso quieres decir?
- Si. Y no sólo en la lista oficial, sino a ojos de los otros inquilinos. Excluirte sin pruebas sólo causaría problemas, por mucho que ambos sepamos que eres inocente. Así que... ¿Qué me puedes contar?
- Supongo que nada nuevo. La olla es común, y alguna vez la hemos usado todos. La vi por primera vez cuando estaba en perfecto estado, y ya me temí que algo así pudiera pasar. Por eso nunca dejo comida hecha para más adelante, y mucho menos fuera de la nevera.
- Ajá. ¿Y sobre los otros inquilinos? ¿Alguna sospecha?
- Bueno... Entenderás Eugenio que esto son sólo suposiciones mías. Pero la parejita es muy proclive a dejar comida hecha sobre los fogones durante varios días. Alguna vez les he visto tirar guisos de la olla directamente a la basura, porque llevaban ya demasiado tiempo.
- Me dijeron que en esos casos suelen utilizar una olla de flores...
- Es cierto que son los que más utilizan esa olla, pero les he visto utilizar todas. Eso si, lo cierto es que si han cocinado algo y empieza a tener mala pinta, lo suelen tirar ellos. No soy consciente de que llegue a estos extremos. Claro que suele ser Dahlia la que tira las cosas, si lo cocinó Liche sin que ella lo supiese, quizás por eso no lo tirase.
- ¿Y de los otros inquilinos?
- Pues no sé, la verdad. Farani me preguntó una vez si la olla era mía, un tiempo antes de que llegase al estado crítico actual. Me extrañaría que, si existiese la posibilidad de que fuese suya, hubiese preguntado al respecto. Claro que también puede ser muy listo, nunca se sabe... que se le olvidase y luego tratase de hacerse el inocente. Claro que para olvidos está Threaper. Más de una vez le he visto prepararse un té, calentando el agua, sacando la tetera... para que al cabo de dos horas siga todo preparado, sin que jamás se haya hecho el té. Pero al mismo tiempo, nunca le he visto olvidarse por completo de una comida que hubiese preparado.
- Ya. Pues que quieres que te diga, Alan. La verdad es que no me ayudas a llegar a ninguna conclusión... Sólo una pregunta más. ¿Porqué nadie se deshizo del cuerpo, aunque sólo fuese para evitar que nos involucrásemos nosotros?
- Eugenio... supongo que porque todos pensamos que el responsable es otra persona. Al principio, cuando todavía parecía estar bien, nadie iba a tirar la comida de otro. Y en cuanto empezó a estar mal, como la pareja ya ha dejado más de una vez las cosas en exceso, pues por hastío se les deja para que lo recojan. Y supongo que esta vez ellos piensan que, puesto que no es suyo y que nadie ha recogido nunca sus restos, que ellos no van a recoger lo de los otros. Lo habitual.
- Gracias Alan. Me temo que ahora tendré que decirle a un agente que suba, para tomarte una declaración más formal. Ya sabes, donde estabas cuando se coció la pasta, porqué no la tiraste, que confirmes o desmientas lo que hayan podido decir los otros que te involucre... Puro formalismo, ya que en el fondo las preguntas de importancia las he hecho yo, pero a veces se encuentra algo llamativo, alguna contradicción.
- De acuerdo. Espero que dentro de poco podais atrapar al responsable de esta atrocidad.
Me despedí de Alan sin decirle que lo mas probable era que el culpable nunca pagase por su crimen. Por mucho que yo tuviese una idea clara de quién era el responsable de un acto tan atroz, las pruebas nunca dejarían de ser circunstanciales, y simplemente con negar mis razonamientos se libaría de su castigo. Al salir a la calle, y ver el sol asomar entre las nubes, me pregunté por qué razón había acabado trabajando en un departamento tan poco agradecido. Uno en el que las víctimas suelen sufrir debido al olvido u orgullo de los culpables, siendo pocas las veces en las que hay verdadera malicia detras de los actos. En el que los culpables suelen escapar debido al anonimato de sus actos, y a que cuando interviene el departamento cualquier prueba concluyente ha desaparecido hace ya tiempo.
En la calle sólo quedaban un par de curiosos, discutiendo a cierta distancia del cordón. Probablemente vecinos, pensé mientras entraba en mi coche, ya que son los únicos que seguirían por la zona tras tanto tiempo sin que los agentes dijesen nada. Arranqué, y me dirigí de vuelta al departamento, a redactar mi informe.
4 de marzo de 2011
Retomando las buenas costumbres
O al menos eso pretendo. Principalmente, quiero retomar la buena costumbre de dedicar un rato a escribir, para no perder la capacidad de redactar, de idear, de imaginar. Y de mantener este blog con vida, a pesar de sus épocas comatosas.
Irónicamente, ese fue uno de mis propósitos de año nuevo. El intentar dedicarle un rato a la semana a aquellos hobbies que me exigen un cierto esfuerzo creativo, como puede ser el dibujar o escribir en el blog, en lugar de dedicar mi tiempo libre a otras tareas como ver series o leer comics. Puesto que dichas cosas no me conllevan ningún esfuerzo, son una manera extremadamente cómoda de pasar el tiempo, de divertirse. Y debido a ello, cuando me encuentro cansado tras los estudios, sólo con ganas de relajarme y olvidarme de todo durante un rato, suelo recurrir a ellas, en lugar de aprovechar minimamente el tiempo y dibujar o escribir.
Añádase a ello que este mes de febrero he tenido exámenes, presentaciones y entregas por doquier, y se obtiene la razón de la ausencia de contenido en el blog. No necesariamente un exceso de trabajo, sino un agotamiento mental que me hacía desear el dulce olvido que puede proporcionar un capítulo de una serie: me río, me emociono, disfruto, y al cabo de 45 minutos se ha acabado y no he tenido que hacer absoultamente nada.
Puesto que estos días tengo un respiro en los estudios y demás sufrimientos asociados con la universidad, aprovecharé para poner un poco al día el blog, escribiendo aquellos textos que tengo pendientes y que debería haber escrito hace ya bastante tiempo. Y espero lograr así un poco de inspiración para que en el futuro logre mantener un mínimo ritmo de actualización.
29 de noviembre de 2010
Darmstadt nevado (I)
Interrumpimos la programación habitual para ofrecerles unas pocas imágenes de como ha amanecido hoy la ciudad donde me encuentro actualmente estudiando.
Ya pondré alguna más cuando tenga un rato, y también acabaré el conjunto de entradas anterior (que sigue incompleto). Pero por el momento, disfrutad.
Los árboles completamente nevados de camino al campus de Lichtwiese.Siempre me llama la atención el curioso aspecto de las ramas cubiertas de nieve.
25 de noviembre de 2010
Mes y Medio en Darmstadt (y III)
El primer fin de semana tras la visita a Frankfurt, la oficina internacional organizó un viaje al Rin para todos aquellos estudiantes que habíamos venido de Erasmus, que duraría todo el fin de semana. Así, el sábado por la mañana nos reunimos en la estación de Darmstadt, para coger un par de trenes regionales hasta Rüdesheim.
Rüdesheim es un pueblecito pequeño a la orilla del Rin, que representa el arquetipo de pueblecito alemán. Casas antiguas, con las vigas marrones que quedan a la vista, decoradas de formas sorprendentes para que cualquiera que pasee por la calle se pueda maravillar con ellas; múltiples pequeños restaurantes, con las puertas abiertas, en los cuales uno se puede sentar un momento a tomar una cerveza o una salchicha con patatas; y callecitas pequeñas que dan todas al río.
Después de dejarnos un rato para que nos pasearamos por el pueblo, comenzamos el ascenso al monte, donde hay un enorme monumento en recuerdo de la unificación de Alemania en 1871. Aunque la estatua es, sin duda, impresionante, lo más llamativo para mi fueron las vistas que se podían disfrutar desde el mismo.
Después del Niederwalddenkmal continuamos andando hasta el albergue donde pasaríamos la noche. Con unas vistas casi idénticas a las del monumento, es sin duda un lugar estupendo donde pasar la noche. Sobre todo si la organización de la excursion ha llevado más de 100 botellas de vino para organizar una pequeña cata, y después hay preparada una discoteca en el sótano del albergue. Tras unas buenas risas, y conocer a un buen grupo de gente, acabé retirándome a dormir bastante temprano (las 2 de la madrugada) en previsión del madrugón que tocaría al día siguiente.
Y efectivamente, sobre las 7 de la mañana ya nos estaban despertando, pues había que desayunar, limpiar las habitaciones, y bajar al pueblo de nuevo para coger un barco que nos llevaría al siguiente destino. Por supuesto, el barco no era únicamente el medio de transporte elegido, sino que al mismo tiempo nos permitía ver los múltiples castillos que pueblan las orillas del rio. Había hasta una torre en el centro del río, que antiguamente servía para cobrar peaje a aquellos barcos que deseaban navegar por este tramo del Rin.
Finalmente llegamos a nuestro destino: la Roca de Lorelei. Cuenta la leyenda que en esta parte del río habitaba una sirena, que con sus cantos lograba distraer a los marineros para que se estrellasen en el brusco recodo que hace en este punto. Al final, desconozco si en algún momento pudo haber algo similar a una sirena que hubiera podido inspirar las canciones, pero lo cierto es que el lugar se ha convertido en un lugar turístico que merece la pena.
Aunque hay que subir una larga y tediosa escalera para llegar hasta la cima de la roca, las vistas merecen la pena nuevamente. Y por suerte para nosotros, justo tras acabar la escalada nos esperaba la comida, con lo que pudimos sentarnos tranquilamente, y comer y charlar hasta que recuperamos el aliento. Después, y tras una corta pero deliciosa siesta tumbados en la hierba, comenzamos la bajada, para dirigirnos finalmente a la estación y volver a Darmstadt.
21 de noviembre de 2010
Mes y Medio en Darmstadt (II)
Por supuesto, llegar aquí no iba a ser precisamente algo sencillo tan sencillo como me imaginaba. Como no podía ser de otra manera, el vuelo que tenía que coger para ir hasta Frankfurt tuvo los temidos "problemas técnicos", de forma que lo que iba a ser un corto vuelo se convirtió en una eterna espera en el aeropuerto de Barajas, mientras la compañía intentaba conseguir un nuevo avión que pudiera volar. Al final, tras más de cinco horas sin saber si el vuelo se cancelaba o no, tuvimos suerte y pude llegar a Darmstadt ese mismo día.
Había aprovechado para venir a Darmstadt unos días antes de mi llegada oficial. Eso me permitió, por un lado, ir conociendo la ciudad y la universidad donde iba a pasar los próximos meses, y por el otro irme haciendo la idea del papeleo que me iba a tocar hacer en breves. Porque obviamente, mi llegada a Darmstadt no significó que se hubiese acabado el papeleo, sino todo lo contrario. Mientras que en Madrid para hacer el papeleo había tenido plazos relativamente amplios, aquí todo tenía que hacerse en extremadamente poco tiempo.
Contrato de alquiler, contrato de internet, registro en la universidad, pedir la tarjeta de cafetería, registrarme en el ayuntamiento como habitante de la ciudad, abrir una cuenta bancaria, decidir que asignaturas quiero estudiar este primer semestre (y a ser posible, decidir también las del segundo semestre), familiarizarme con el sistema de automatrícula que (para mi absoluto gozo y disfrute) se implementaba por vez primera este semestre y simplemente no toleraba la cantidad de conexiones exigidas (eso si, lamento decir que el sistema de automatrícula de Teleco de la UPM sigue a la cabeza en el ranking de "Razones por las que buscar a alguien para matarlo"), enviar a Madrid la confirmación de que me he matriculado en la universidad en vez de fugarme con la beca...
Colección de papeles acumulados los primeros días.En el mapa, en rojo está mi residencia, y en azul donde tengo las clases.
Obviamente los primeros días estuve más que ocupado con las tareas que tenía. Por suerte podíamos quitar las clases de entre dichas obligaciones, ya que aquí no comienzan hasta el día 18 de Octubre. También estuve ocupado con otros asuntos más divertidos, como las excursiones para Erasmsus. Porque efectivamente, resulta que para dar la bienvenida a los novatillos extranjeros que acaban de llegar y no conocen a nadie, se organizan una serie de viajes y escapadas para que la gente entable relación.
Así, primero tuvimos una visita a la ciudad de Frankfurt. Un paseo a pie por la ciudad, viendo algunas de las zonas más emblemáticas que ofrece, como el centro financiero con sus enormes rascacielos, el casco antiguo reconstruido en su mayor parte, la catedral, la estación...
Después del paseo, nos montaron en un tranvía diseñado para darse a la bebida. Puesto que la ciudad es famosa por su vino de manzana, o Ebbelwei en el dialecto local, para los turistas y grupos de Erasmus existe la posibilidad de montarse en un tranvía con el que se recorre la ciudad, mientras que se aprovecha para degustar la bebida local. Si además se tiene un poco de suerte y uno de los organizadores tiene la presencia como para traer música y evitar el tradicional hilo musical, lo que se obtiene es una fiesta sobre railes.
Después de la visita a Frankfurt, de vuelta a Darmstadt para seguir con el papeleo. Pero ya no faltaba casi nada para las dos excursiones de fin de semana completo que tenían organizadas.
16 de noviembre de 2010
Mes y Medio en Darmstadt (I)
Ya han pasado aproximadamente 46 días desde que aterricé en Darmstadt, y creo que sólo ahora empiezo a hacerme a la idea de pasar al menos otros 16 meses en esta ciudad. Quizás sea por eso que he ido posponiendo escribir la entrada correspondiente al tiempo que llevo en Darmstadt, como una discreta y ligera rebelión contra mi decisión de estudiar aquí el último curso de la carrera.
Pero vayamos por partes.
Todo comenzó hace mucho tiempo, demasiado tiempo para recordar los detalles. Desde que empecé la carrera sabía que quería irme de Erasmus, que era una oportunidad que no debería desaprovechar. Pero como tantas otras cosas, el proyecto de informarme para saber lo que tendría que hacer se fue posponiendo. Hasta que varios amigos decidieron que ellos se iban a hacer el último curso fuera, para obtener la Doble Titulación. Hasta aquel momento no soy consciente de haber oido hablar sobre esa posibilidad, pero recuerdo que cuando me enteré que la posibilidad existía, decidí que era la mejor opción que podía elegir para mi Erasmus. Cierto, era más tiempo del que inicialmente pensaba que duraría mi Erasmus (un mínimo de año y medio, precisamente), pero pensaba que las oportunidades que daba bien merecían ese tiempo extra.
Claro que en mi caso el principal inconveniente no era precisamente que el tiempo que fuese a estar fuera me pudiese echar para atrás, sino mi temor a que mi expediente académico no me permitiese cumplir los objetivos. Reconozcámoslo, no soy precisamente un estudiante modelo, y la principal condición para realizar la doble titulación era tener el primer ciclo completo aprobado. A pesar de ello, decidí que tenía que intentarlo, así que empecé a rellenar las solicitudes, formularios, y a hacer un montón de papeleo que creí no llegaría a terminar nunca. Entre todo ello, estaba la decisión más importante de todas... A donde diablos me quiero ir?
El aspecto clave de la decisión era muy sencillo: tenía que dominar el idioma. Por mucho que en varios paises las clases fueran siempre en inglés, no me apetecía tener que depender en el día a día de que el dependiente de turno hubiese prestado atención en el colegio. Así que los paises de destino se reducían a sólo tres: Inglaterra, Estados Unidos, y Alemania. El siguiente punto, que existiese un acuerdo de Doble Titulación, pues resulta que no se puede hacer así como así, me obligaba a elegir ya entre tres ciudades: Chicago, Darmstadt, o Stuttgart. Puesto que la asignación se hace de mejor expediente a peor (y recordemos que el mío no es precisamente sobresaliente), habría que olvidarse de Chicago, pues lo codiciaba mucha gente. Y entre Stuttgart o Darmstadt... ganaba sin duda alguna Darmstadt, pues tiene una universidad de renombre en el campo de la ingeniería, era medio año menos de estancia obligatoria que Stuttgart, y principalmente podía aprovechar la inestimable experiencia y compañía de mi amigo Adrovsky, que también había elegido dicha ciudad para hacer su Erasmus el año anterior.
Para mi sorpresa, me otorgaron la plaza, así que de repente todo dejó de ser una simple posibilidad para convertirse en una certeza inevitable. Y casi sin darme cuenta, el tiempo pasó, se acabó el verano, y me encontré haciendo la maleta para irme a estudiar al extranjero. Y así llegamos a Darmstadt... pero eso, para tocar un poco las narices, lo dejo para la próxima entrada.
29 de septiembre de 2010
Ermitaño Cibernético
A veces no me entiendo a mi mismo.
Una de mis mayores dificultades a la hora de hablar y relacionarme con la gente es que soy bastante tímido. Eso implica que comenzar una conversación en persona con un desconocido, y a veces con mis amigos si no tengo algo específico que decir, se convierte en una odisea mental.
Las nuevas tecnologías (lease email, redes sociales y demás) se supone que deberían facilitarme mucho más mantener el contacto. A fin de cuentas, me es más sencillo expresarme a través de la red, al poder evitar y ocultar el nerviosismo extremo que me suele atacar. Sin contar con que me puedo permitir el lujo de tomarme mi tiempo para contestar de forma calmada, lo que sirve para reducir aún más dicho nerviosismo.
Sin embargo, me he dado cuenta que la posibilidad de contestar en cualquier momento me lleva al punto de aislarme. Como un ermitaño, me oculto cuando estoy conectado, y no tomo la iniciativa a la hora de tomar contacto con la gente, excusándome en que "ya lo haré mañana, que hoy se me ha hecho tarde". Y al mismo tiempo, prefiero intentar iniciar el contacto en persona antes que a través de internet. Con lo que, sin buscarlo de forma consciente, logro ponerme trabas para mantener el contacto con las amistades, de forma que ya se considera algo lógico suponer que no voy a escribir.
Y ahora que me encuentro fuera de mi hábitat natural, lejos al norte, y que la posibilidad de hablar en persona se ha visto reducida a su mínima expresión (donde hablar por Skype es considerado hablar en persona) sólo queda mantener el contacto por internet. Precisamente a través de ese medio en el que he demostrado ser perfectamente capaz de volverme completamente autista, de evitar todo contacto que no sea el mínimo imprescindible.
Puede que no pueda ser un proyecto de año nuevo, ya que las fechas no lo permiten, pero estableceré que se trate de un proyecto de vida nueva. Por la cuenta que me trae, trataré de no dejar mi contacto con las personas que me importan exclusivamente en manos del blog y las redes sociales (más que nada, porque tal y como las utilizo... mal vamos), sino convertir el email en algo más habitual en mi vida.
Y a ver si empiezo a comprenderme a mi mismo un poco más, que ya me vale.
18 de septiembre de 2010
Tempus Fugit
El tiempo vuela. Es una de las cosas que siempre he sabido, pero que por su naturaleza subjetiva me suele costar darme cuenta de ello, y actuar en consecuencia.
Este verano ha sido, probablemente, cuando más me he percatado de este hecho. A finales de septiembre me iré a Alemania, a la ciudad de Darmstadt, durante un año y medio para hacer una doble titulación dentro del programa Erasmus. Y para poder irme con tranquilidad, he decidido sacrificar mi verano entero y tratar de aprobar las asignaturas pendientes que tenía del primer ciclo.
Y así es como el tiempo pierde, de alguna forma, todo su sentido. Porque uno puede pasarse horas que se hacen eternas estudiando las asignaturas, materias y problemas que quiera. Y sin embargo las semanas se pasarán volando, mucho más rápido de lo que uno querría, de forma que a pesar de esas eternas horas no dará tiempo a estudiar todo lo que uno querría poder estudiar.
Por el contrario, ese día que se dedica al ocio para evitar que el cerebro se conviera en una masa informe y salga por las orejas, las horas pasan a una velocidad que se antoja enorme, mientras que al final del día el balance de lo que se podría haber estudiado en ese rato corresponde al temario que ha ocupado los cuatro días previos.
Debido a los mismos exámenes, me he podido permitir el lujo de ignorar cómo se aproximaba la fatídica fecha en la que abandonaré el país. Ahora de repente ese día se aproxima con pasos agigantados, y tengo la impresión de no tener tiempo para organizar todo lo que tengo que hacer y preparar, y veo que no podré reunirme con todos mis amigos tantas veces como querría.
Viendo los resultados, me pregunto si habrá merecido la pena sacrificar tanto tiempo para dedicarselo a los estudios, o si debería haber aprovechado y haber disfrutado del tiempo con aquella gente que me importa, y que ha llegado a ser parte de mi familia, aún a riesgo de suspender la fatídica MMT2.
Supongo que sólo las revisiones lo dirán...
1 de julio de 2010
Luces, Cámara, Acción... y DVD's
No hace mucho fue la Muestra de la clase de interpretación de mi hermano. Puesto que había acabado los exámenes, y el año pasado me la había perdido y me arrepentí, no dudé en ir. No sólo eso, sino que además me ofrecí a grabar en video las actuaciones, para que quedase constancia de las mismas.
En aquel momento no sabía donde me metía.
Y no es que me arrepienta de haber ido, ni de haberme ofrecido para grabar. Todo lo contrario, me lo pasé estupendamente durante los tres días que duró la muestra, y me divertí mucho con todos los que participaron. Además, pude ver de primera mano el esfuerzo que se hace para lograr que todo salga bien, y disfruté de los comentarios de los propios actores sobre las obras y aquellos detalles que el público en general no suele notar. Pero debo decir que el calor durante las obras fue, en muchos casos, inhumano. Sé que en algunas escenas había botellas escondidas para que los actores pudieran beber si lo necesitaban, y sin duda alguna lo que más se echó de menos fue el aire acondicionado.
Sin embargo, lo que menos me esperaba era que acabaría viendo las obras unas siete veces. El primer día como espectador, y los dos siguientes como cámara, los tenía claros. Primero ver la obra tranquilamente, disfrutando, y así cuando realmente me ponga a grabar tendré bastante buena idea de cómo se mueven los actores, y donde debo enfocar.
Eso si, puesto que no tengo medios para capturar el video de la cámara directamente al ordenador, he tenido que recurrir al aparato de DVD que tenemos en casa. De esta forma, puedo poner la cámara a reproducir el video, y el DVD a grabar lo que recibe por su entrada de video, para luego pasar el contenido del disco duro del mismo a los DVDs propiamente dichos.
No es perfecto, ya que la calidad resultante probablemente no sea adecuada para editar el video, pero los medios de los que disponía no daban para mucho más. Eso si, cada uno de esos pasos requiere vigilar el aparato de DVD, ya que si algún tecnopléjico toca el botón inapropiado durante el proceso, hay que empezar de nuevo. Así que he acabado viendo la muestra dos veces más, y todavía me quedan otras dos para pasar lo que grabé al tercer día.
Y aún así, sigo disfrutando con cada actuación. Los monólogos de Ricardo II, Yago, Shylock o Aarón; el trabajo coral en "A solas con Marilyn" (en particular las Perversiones 3); los apartes de "Kvetch" y el final de "Descalzos por el parque"; el absoluto desmadre que es "El combate de Ópalos y Tasia"... Sigo riéndome y emocionándome a pesar de saber exactamente lo que pasa en cada momento.
Espero que, a pesar de estar en Alemania el curso que viene, pueda hacer un viaje rápido a Madrid cuando toque la muestra del año que viene. Porque no quisiera perdermela de ninguna manera.








